Un consejo leal y objetivo al Poder Ejecutivo, la Asamblea Legislativa, el Poder Judicial, el TSE: detengan la marcha y hagan un alto en el camino.
Los tiempos que vienen se anuncian tenebrosos para el mundo y, sobre todo, para los costarricenses. A la posición geoestratégica de Costa Rica, epicentro de una hecatombe militar, avasallada por EE. UU., por aire, tierra y mar, so pretexto de combatir el narcotráfico, se agregan ahora las declaraciones de anteayer del Nostradamus del Caribe, Fidel Castro. Nos esperan días apocalípticos. No gastemos ni dancemos, entonces, como cigarras. Trabajemos y ahorremos como hormiguitas para tener las trojes repletas al llegar el invierno.
Si no bastara, para nuestra calamidad, nuestra malhadada posición geoestratégica, ahora Fidel Castro insta al presidente Obama a evitar una “guerra nuclear”, que Fidel, tras agotadores análisis prospectivos, considera “virtualmente inevitable”. El desastre nuclear podría “desvirtuarse”, eso sí, si Obama decidiese no registrar “a un mercante iraní en cumplimiento con las últimas sanciones aprobadas por la ONU”. Es decir, EE. UU. debe desobedecer el mandato de la ONU. Luego, agrega: “Usted debe saber que en sus manos está ofrecer a la humanidad la única posibilidad real de paz”. ¡Chingo de piropo y reconocimiento del poder imperial de EE. UU, el pacificador!
“Le solicito –clama Fidel Castro– se digne escuchar esta apelación que en nombre del pueblo de Cuba le trasmito. Piénselo bien”. El verbo “trasmitir” es, en este contexto, histórico por cuanto, por primera vez en medio siglo de resonante tiranía, Castro reconoce, aunque sea retóricamente, que el criterio del pueblo es necesario. Es el mismo pueblo que le implora no que lo libre de la guerra nuclear, sino de la opresión política y del hambre. Curiosamente, EE. UU. puede depararle la paz, pero Fidel no puede concederle al pueblo unas míseras reformas.
Fidel Castro cierra así su carta pública a Obama: “No me interesan honores ni glorias. ¡Hágalo!”. La demencia a horcajadas de la humildad. En este epílogo entramos de cabeza en el dominio de la psiquiatría. Este es el líder, mentor e inspirador de Chávez, de Evo, de Maradona, de intelectuales y políticos latinoamericanos y de unos cuantos compatriotas que, desde hace años, están proclamando el fin de Costa Rica y la aniquilación de planeta no por el cambio climático, sino por el climaterio político y la viejera ideológica.
Sea lo que sea y antes de que sobrevenga la hecatombe, aprovechemos, políticos y funcionarios, el lampo de luz que nos queda para poner orden en casa y en las mentes trastornadas.