El 21 de mayo del 2001, cuando el entonces presidente ejecutivo del Consejo Nacional de Producción (CNP), José Joaquín Acuña, denunció que la entidad se quedó sin recursos, el calvario financiero apenas había empezado.
La historia se repite hoy: el CNP proyecta un déficit de ¢3.300 millones a diciembre próximo, según un estudio a mayo pasado que conoció la junta directiva.
Varios son los Gobiernos que intentaron “hacer algo” con el Consejo. Las propuestas van desde reestructurarlo y darle nuevas funciones, pasan por fusionarlo con otra entidad y terminan en el cierre que prefieren algunos.
La actual ministra de Agricultura y Ganadería (MAG) y superior del CNP, Gloria Abraham, dijo que buscan salidas urgentes. Añadió que pronto las anunciará, pero prefirió no ahondar en detalles.
La más reciente manifestación de la crisis financiera es la deuda que el CNP tiene con los alrededor de 800 trabajadores: está atrasado en el pago de ¢347 millones en ajustes salariales que se acumularon solo entre enero y abril de este año.
A partir de mayo y hasta ahora, la entidad logró conseguir los recursos para atender esos pagos.
Pero queda al descubierto, otra vez, el hueco financiero que arrastra la institución y que ha tenido en jaque a los gobiernos.
En ocasiones anteriores, las transferencias de la Fábrica Nacional de Licores (Fanal) ayudaron a tapar ese hoyo y en otras las de urgencia del Ministerio de Hacienda.
Ninguna de estas parece estar disponible ahora. Las ventas de Fanal cayeron más del 50% en el primer semestre y en lugar de subir los aportes al CNP cada vez serán más bajos. El dinero de Hacienda tampoco pareciera factible en medio de un déficit fiscal creciente.
Cambio o cierre. Solo en el Gobierno anterior se presentaron tres proyectos de reestructuración de la entidad, el primero de ellos incluso con financiamiento en el Presupuesto Nacional, pero al final el dinero se destinó a otros propósitos.
Esta iniciativa, respaldada por el entonces presidente ejecutivo del CNP, José Francisco Oreamuno, y el titular del MAG, Alfredo Volio, llevaba al cierre luego de reubicar o pensionar a los empleados.
Después se presentó otra para relanzar el Consejo, añadirle funciones y buscarle financiamiento.
Al final del Gobierno pasado, se elaboró otro documento con la idea de fusionar al CNP con el Programa Integral de Mercadeo Agropecuario (PIMA).
Esta última entidad administra el Centro Nacional de Abastecimiento y Distribución de Alimentos (Cenada).
La idea ganó aceptación y pareciera ser una vía muy factible en este Gobierno.
La propuesta de fusión se respalda en el fuerte gasto que implica esa entidad, con un déficit anual cercano a los ¢3.000 millones desde hace casi una década, dicen quienes impulsan este cambio.
Ellos añaden que la entidad presenta poca orientación en sus programas y, por lo tanto, baja incidencia en sus propósitos básicos: orientación en mercadeo y comercialización para pequeños agricultores.
Eso es consecuencia y reflejo de los cambios en la presidencia ejecutiva. En los cuatro años de la administración pasada, hubo cuatro presidentes que tomaron el timón del CNP y otro que renunció sin siquiera juramentarse.
Pese a los diversos intentos de reestructuración en varios gobiernos, el problema del Consejo Nacional de Producción persiste y aún esta administración no tiene definido un plan.