En Inglaterra el derrumbe del Portsmouth provocó gran consternación en una liga considerada por muchos como de las mejores del mundo.
El equipo se fue a la quiebra con deudas que superaron los $159 millones y fue descendido a la Liga de Campeonato en medio de un gran escándalo.
De inmediato las autoridades del futbol inglés tomaron cartas en el asunto y están fijando reglas para evitar que tan vergonzosa situación se repita.
Ayer un despacho de la agencia AP anunciaba que se fijarán reglas financieras para quien tenga o desee poseer un club en la Liga Premier inglesa.
Las medidas para prevenir nuevos fracasos financieros de equipos no se hicieron esperar, tal y como le corresponde a una organización seria de primer mundo.
Pero aquí, en nuestra liga que ya ni siquiera es capaz de pelear por ser la mejor del Istmo, las cosas caminan en otra dimensión.
Acabamos de ser testigos de una situación muy complicada de un equipo que hace solo un año fue campeón nacional, Liberia Mía, el cual dejó tras de sí una estela de reclamos por deudas que aún no han sido canceladas por los dueños de las acciones del club de la pampa.
Exjugadores, exfuncionarios, exproveedores del club aurinegro han levantado la voz para decir que el equipo les debe dinero.
Desconocemos la magnitud de la situación y las vías de solución que tiene el caso, pues como suele suceder en este país, muchas cosas se ocultan bajo el manto de la privacidad, y aunque uno supone que la inversión millonaria (en dólares) de Mario Sotela no alcanzó siquiera el equilibrio financiero, no se dispone de las cifras para poder hablar con propiedad.
Sin embargo, lo que sí está claro es que los dirigentes de nuestro futbol no han salido al paso para anunciar medidas que frenen este tipo de descalabros.
Solo se han escuchado intenciones de unos pocos, pero no existe, o al menos no ha sido anunciado, un plan para asegurarse de que no hayan más equipos que dejen a su paso un chorro de deudas y reclamos.
Lo que pasó con Liberia Mía fue apenas una muestra de lo que podría suceder si no se toman decisiones a tiempo.
El futbol costarricense debe tomar medidas para cerrarle las puertas a operaciones que no solo vengan a dejar a muchas acreedores molestos, sino también que puedan hacerle más daño a la ya de por sí deteriorada imagen del futbol costarricense.
Hay que establecer sanciones, poner requisitos firmes y severos, que no se ajusten para alcahuetear a este o aquel club, sino que se afirmen para asegurarle una buena salud al futbol criollo. Aprendamos de los ingleses y tapemos las goteras de nuestro futbol.