Pregunta el investigador. Pregunta el juez. Pregunta el científico. Hay formas de preguntar. Podríamos, como quien perdió algo en la oscuridad de la calle, ir a buscarlo bajo la próxima linterna porque ahí hay más luz.
Para todos es importante acotar el campo de la búsqueda y reducirlo, si fuera posible.
Recuerdo la explicación de quien daba cuenta de intentos fallidos por hallar la causa de una enfermedad: no hemos encontrado la causa, pero sí logramos descartar que la causa sean tantas variables sospechosas.
El investigador criminal que logra determinar con certeza que no se puede sospechar que una mujer hubiera cometido el delito, ha reducido su espacio de búsqueda en un 50%, y eso es un gran paso. En cambio, algunos métodos de búsqueda recuerdan a aquel que busca un gato negro en un cuarto oscuro donde no está.
Si en un juego nos pidieran “adivinar” un nombre en las páginas blancas de la guía telefónica del 2009, la cual tiene 1.309 páginas, cuatro columnas por página, 123 nombres por columna, y nos ofrecieran irnos respondiendo preguntas, la forma de llegar a la respuesta con el menor número de preguntas consiste en ir reduciendo el problema a la mitad: ¿Está el nombre en las primeras 655 páginas? Si la respuesta es negativa, hay que preguntar si está en las últimas 328.
Así se sigue procediendo con preguntas que reduzcan a la mitad el campo de búsqueda. Afirmo que con 20 preguntas –que no es gran cosa– se puede encontrar el nombre buscado, uno entre aproximadamente 644.000.
Creo que algo así, ayudado por algunas tendencias estadísticas registradas en una memoria digital, y un buscador, es lo que hace funcionar un maravilloso juego de adivinanzas que aparece en el sitio http://es.akinator.com/ http://es.akinator.com/ , el cual recomiendo ver.
Saber hacer preguntas de alto impacto es una destreza que deberíamos adquirir en el colegio; si no fue así, no es tarde para comenzar. acedenog@gmail.com