La vida cambia cuando se comienzan a utilizar apps. La siguiente narración de un día cualquiera de un personaje ficticio ilustra cómo las aplicaciones en celulares pueden influir en distintos ámbitos de su vida.
Por la mañana. Son las 6:15 a. m. y el celular de Felipe comienza a sonar suavemente. Aburrido de los sonidos estridentes con los cuales todo fabricante de relojes cree que una persona normal quiere salir de un sueño profundo, Felipe bajó e instaló tonos creados para despertar sin sobresaltos. Escogió el sonido de cataratas.
Lo primero que hace tras despertar es revisar el estado del tiempo en su móvil. Así, ahora sabe que para hoy se esperan lluvias y bajas temperaturas desde la mañana, por lo cual decide vestir la chaqueta café que tanto le gusta y que también compró con su móvil en una tienda en Internet.
Pero, antes del baño, lo espera su jogging de media hora. Le gusta cómo controla por medio del teléfono la ruta y cantidad de calorías quemadas. El ejercicio, combinado con un sistema que lleva cuenta de la cantidad de calorías ingeridas, le ha ayudado a bajar de peso en los últimos meses.
Durante el desayuno, Felipe toma tres minutos para dar una ojeada y ver qué han publicado desde anoche sus amigos en las redes sociales Facebook, Linkedin y Twitter. También descarga el correo electrónico, pero solamente lee los mensajes más importantes porque dentro de 30 minutos estará en su trabajo y entonces podrá proceder con más calma.
Por la tarde. Después del almuerzo, Felipe tiene una breve videollamada –gratuita, claro está– con su amigo Carlos, quien vive en Colombia, pero viajará hoy por la tarde al país por cuestiones de trabajo, según le confirma.
De regreso a la oficina, el jefe le consulta a Felipe si “de casualidad” –según sus propias palabras– recuerda el número de contrato que le mencionó en una llamada de emergencia que le hizo el fin de semana pasado y que ha olvidado. Aunque Felipe no lo recuerda, tiene grabada esa conversación y en solo segundos escucha de boca del mismo jefe el número de contrato.
Al final de la tarde, sale con los compañeros a tomar un café. La red wi-fi de la cafetería está caída y uno de ellos se lamenta de no poder conectar su laptop a Internet. Felipe aclara que eso no es ningún problema: los teléfonos celulares inteligentes pueden tomar la señal de Internet de proveedores de servicios telefónicos como el ICE y convertirla en señal wi-fi.
Por la noche. Aunque sabe que su amigo Carlos debería estar de camino a Costa Rica, Felipe es previsor y confirma el estado del vuelo en su celular. Ahora sabe que Carlos tiene media hora de retraso. A pesar de ello, sale al aeropuerto con suficiente antelación y, mientras espera en el parqueo, descarga un libro electrónico que comienza a leer.
Tras la llegada de su amigo deciden ir a cenar a un restaurante recomendado en el centro de San José, pero ni Felipe ni Carlos lo han visitado nunca, por lo que no están seguros de la dirección. Por eso, Felipe revisa en mapas digitales la zona del restaurante, lo encuentra, ve cuál parqueo está más cercano y toma la ruta más directa para llegar.
Tras la cena, Felipe deja a Carlos en su hotel y regresa a casa. Antes de dormir, dicta algunos mensajes de texto que envía a sus amigos para confirmar si mañana por la noche irán al cine. Por último, ve el resumen de noticias internacionales de tres minutos en YouTube.