Mañana, 31 de julio de 2010, a medianoche, concluye el período de la actual junta directiva del Banco Popular. Para quienes, desde hace larga data, hemos seguido la saga tormentosa de este banco esta es la ocasión dorada, un día antes de la gran romería, para purificar, ordenar y oxigenar esta institución bancaria. ¡Qué gran servicio le rendiría al país el Gobierno de doña Laura si logra erradicar la maleza, domeñar las presiones y escoger a los mejores! La Negrita nos proteja.
Decimos esto porque el Gobierno debe nombrar una junta directiva ad hoc. Sabedores los interesados, siempre al acecho, ya han comenzado a tocar puertas para que se les abran sus puertas. El Banco Popular necesita agua nueva, y bendita, como la de la Basílica, para que discurran por ella las mejores decisiones, o la cristalina y risueña, como la del río Celeste, para las no creyentes o marianos, nacida en las estribaciones del volcán Tenorio, que para todos dan Dios y la ubérrima naturaleza.
El Banco Popular quedó fotografiado y diagnosticado en un reportaje de La Nación, el 19 de julio pasado, en una página entera. El periodista Esteban Oviedo desplegó en ella todas las legiones de los gremios en orden de batalla, dispuestas para el combate decisivo, el día de las elecciones. La sola vista de estos contingentes nos da una idea cabal del campo de batalla, el banco, y del interés en la administración de sus tesoros, unos con fines de interés público y otros con visión gremial, mezclada con microscopios y telescopios personales y políticos. El Banco Popular ha resistido estos embates, a lo largo de su historia, porque en él, gracias al aporte constante de los trabajadores, el dinero es un surtidor inacabable.
Para la junta directiva ad hoc corren ya unos nombres imaginables de la más dura cantera política y, en cuanto a la junta directiva actual, según está documentado, pretendió meter las manos en la Comisión de Acreditación de la Asamblea de Trabajadores y Trabajadoras (el TSE de la elección). Denunciada por los sectores de autogestión, profesional, cooperativo y solidarista, la Auditoria Interna del Banco frenó este intento, apoyada por informes de la Contraloría y por decreto ejecutivo del 26 de enero del 2010.
Lo que está en juego es trascendental para el Banco Popular, urgido de una revisión integral. El banco es, primero, un banco, no una piñata electorera ni una danza de caciques externos a él, de políticos o de sus representantes, de gremios, ciertos o inciertos. Que, en los nuevos nombramientos, prevalezcan las más altas credenciales y se repare en los antecedentes, esos insumos que, examinados, dan confianza y, descuidados, meten miedo y causan sorpresas'