Colombia y Venezuela agitaron, de nuevo, el insulso mundillo de la OEA. Cuatro interrogantes flotan en el ambiente: ¿Será la OEA el foro propicio para dirimir conflictos entre naciones latinoamericanas? ¿Hizo bien –o mal– Uribe al denunciar el apoyo de Venezuela a las FARC justo antes de dejar el poder? ¿Ha sido EE. UU. demasiado indolente con Chávez? ¿Cuál será la actitud de nuestra Cancillería en el conflicto?
La OEA, bajo la dirección de José M. Insulza, no será el foro adecuado para defender la democracia colombiana. Es muy evidente su proclividad al grupo bolivariano. En una entrevista concedida a CNN en español, hizo lo posible por evadir el tema. Contrario a las agallas que mostró ante el conflicto hondureño, la ruptura unilateral de relaciones diplomáticas decretada por Chávez no lo desvela. No quiso –ni querrá– censurarlo, ni se inmuta porque su Gobierno cobije abiertamente la guerrilla. Buscará una salida “negociada” favorable a sus intereses.
A Uribe lo criticó acremente la izquierda por denunciar, pruebas en mano, el asilo sigiloso de Chávez a las FARC. Alegan que no le correspondía a él, sino a Santos, su sucesor, encauzar la denuncia, y que eso lo obligará a realizar costosas concesiones para negociar el restablecimiento de relaciones. Eso me preocupa. ¿Por qué conceder lo que Venezuela no merece? Más bien, Colombia debería exigir la expulsión de los narcotraficantes por el daño al pueblo colombiano. Si bien, Uribe pudo doblegarlos en tierra colombiana, la lucha se hizo eterna y costosa por el apoyo territorial, económico y bélico de Chávez.
Hillary Clinton, secretaria de Estado de EE. UU., ha sido más que indolente con Latinoamérica. No solo nos ha ignorado, sino también abandonado a los designios de nuestra propia suerte. Aunque mostró atisbos de querer intervenir en el caso de Honduras a favor de las democracias representativas –y Venezuela no es una de ellas–, dejó que la alianza bolivariana, con la complicidad de países antiyanquis, como Brasil y Argentina, se encargara de reeligir a Insulza como cabeza la OEA. Ahí bajó la guardia. Y eso nos lleva a la última y, quizás, la más inquietante de las interrogantes:
¿Cuál será la actitud de nuestra Cancillería? Hasta ahora, ha dado al tema su más conspicuo silencio. Sabemos que Liberación ha sido miembro de la internacional socialista y en el ámbito externo tradicionalmente se inclina por las izquierdas. Es más, votó recientemente por la reelección de Insulza en la OEA, acólito de Chávez a sabiendas de su designio de exportar su revolución bolivariana. ¿Apoyará una vez más a Chávez frente al santito de Santos? Ojalá esté equivocado.