Si, como dice bien hoy el editorial de La Nación, se imponen la prudencia y una planificación realista ante un posible crecimiento del PIB del 4% en el 2010, la reducción en un 50% de los asesinatos en Limón apela a la cautela y la “lucha tenaz”.
La tasa de crímenes bajó, según se informó ayer, de 22 por cada 100.000 habitantes a 11 por cada 100.000 habitantes en este primer semestre. Las cifras son positivas, como halagadoras son las declaraciones oficiales. El ministro Tijerino pone las cosas en su justa perspectiva y rechaza de plano todo triunfalismo. El subdirector del OIJ, Francisco Segura, atribuye el cambio a la aplicación de la ley. “Simple y sencillamente –dijo– se hizo lo que se tenía que hacer”. El jefe del OIJ en Limón, Gerald Campos, atribuye el 70% de los homicidios al narcotráfico.
Celso Gamboa, director del plan del Ministerio Público, manifestó: “Se aplicó el derecho penal con firmeza y se atacaron estratégicamente los focos delictivos”. También, agregó, disminuyeron significativamente los delitos contra la propiedad como robos y asaltos. Diversos líderes del pueblo limonense han expresado su satisfacción por este avance que, según denotan los hechos, se deriva de la observancia de principios elementales, cuyo olvido, como sabemos, provoca catástrofes, como las de todo edificio sin bases o fundamentos. Resumo: hacer lo que se tiene que hacer (el cumplimiento del deber, el gran talón de Aquiles de la cultura costarricense), la observación y aplicación de la ley con firmeza y el trabajo estratégico, conforme a un plan, esto es, poniendo en funcionamiento, primero, la inteligencia, la cabeza ordenada, sin la cual la voluntad hace loco. Y todo sin olvidar la amenaza mortífera del narcotráfico.
Lo dicho guarda relación con la noticia de ayer, en la primera página de La Nación: “Mexicanos huyen del valle de Juárez en busca de paz”. Descripción: “En los pueblos del valle de Juárez se vive el terror cotidiano. Ejecuciones, masacres y quemas de domicilios y negocios se han generalizado por toda la región. Las personas son asesinadas en las calles, en sus propias casas y ahora en los mismos funerales, sin que nadie pueda detener la masacre' Quedan muchas personas en el valle que no tienen adónde ir”.
¿Qué pasó en México? El Estado y la política llegaron tarde. La corrupción del PRI le allanó el camino al narcotráfico, por varias décadas, hasta sobrevenir la guerra, que ha obligado a la intervención del Ejército para salvar al país. Este es nuestro espejo: la invasión de la narcocriminalidad con sus cómplices internos. Estamos a tiempo para actuar con sentido de estrategia, las armas del derecho y la ayuda internacional.