A diferencia de lo que muchas personas podrían pensar, a nadie le gusta que su país tenga malos desempeños. Ni a la prensa.
Cualquier costarricense, sea quien sea, haga lo que haga y esté donde esté, nunca le va a desear algún mal rendimiento a su país. No importa si este lleva un micrófono, una grabadora o un lápiz en la mano. No importa si esta exigido, a abiertamente y sin tapujos, ser crítico y analista.
El domingo, conversando con otros compañeros periodistas en Mayagüez, Puerto Rico, luego de cerrar la jornada laboral y “hablar mal” de los deportistas del país (como seguramente mucha gente lo ve), se discutió el triste debut tico en los Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Todos lamentamos la falta de alegrías y deseamos con ansias los vientos de cambio y el paso de la página. Se discutieron todas las posibilidades y cartas de éxito para estas justas.
Hubo pocas luces y muchas miradas de preocupación.
No obstante, ayer llegaron los primeros gritos de júbilo, con las medallas que otorgó la disciplina del judo, en el Coliseo de Aguada, también en suelo boricua.
Ver por fin a un tico, a un coterráneo, sonreír en estas justas, en la figura de Osman Murillo y luego observar y escuchar el llanto nervioso y alegre de Karina Tapia, conmueve y da orgullo.
Ambos competidores hablaron a su manera.
Uno más ecuánime, la otra más emotiva, pero la felicidad se les desbordaba y eso contagia a quienes tienen sangre que coincide en su procedencia,
No hay duda de que esos dos logros son positivos para la causa tica en este certamen específico, pero también son buenos para aliviar la urgencia de resultados.
También, hubo otras noticias positivas como la clasificación de Mary Laura Meza a dos finales en natación, de Max Rohrmoser y Róger Cartín en una de las modalidades de tiro y la victoria del voleibol femenino ante Trinidad.
Cada uno de esos momentos generó esperanzas de oro.
Unos se esfumaron rápido y otros perduran colgando solo desde un hilo de ilusión, pero aunque duren poco, estos se disfrutan.
Ojalá hubiesen más. Ojalá durasen más. Esa debería ser la meta, multiplicar esos momentos.