EDITORIAL

Bancarización en línea

La bancarización en línea ha crecido mucho en Costa Rica. Las ventajas superan las desventajas. Debe estimularse, sujeta a la fiscalización de rigor

El INA, los colegios profesionales y centros de enseñanza superior deben educar mejor a las personas para ser más eficientes en estapromisoria vía

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12:00 a.m. 19/07/2010

El porcentaje de la población costarricense que utiliza los servicios bancarios en su vida cotidiana, conocido en el léxico financiero como bancarización, es uno de los más altos entre los países en desarrollo, pues se ubica en alrededor del 50%, comparado con un promedio del 35% en otros países. Y la bancarización en línea –es decir, las transacciones bancarias que se realizan por Internet, ha aumentado aún más significativamente en los últimos años.

¿Es ese fenómeno de la bancarización en línea bueno o malo para el proceso de crecimiento económico de Costa Rica? ¿Están preparadas las autoridades reguladoras y tributarias para lidiar con ese desarrollo tan declarado? La respuesta es afirmativa en ambos casos, sobre todo en el primero. Pero, sin duda, impone un reto a los entes reguladores y a los usuarios de los servicios bancarios, si no quieren quedarse atrás. También es esencial que las autoridades gubernamentales desarrollen sus respectivas tecnologías y capaciten al personal para estar a la altura del cambio tecnológico, vertiginoso en algunos casos.

Según el subgerente del Banco Central, Carlos Melagatti, hay 600.000 empresas y personas físicas radicadas en Costa Rica que utilizan oficinas virtuales para sus trámites y mueven alrededor de ¢37 billones anualmente en operaciones bancarias en línea. En el año 2009 se efectuaron 50 millones de transacciones, en su gran mayoría en los dos grandes bancos públicos del Sistema Bancario Nacional y en los de mayor volumen de la banca privada, Scotia Bank y HSBC (el 93% de las transacciones en línea), pero los demás bancos, incluyendo el Banco Popular, también han dado pasos significativos para ponerse en línea. Los usuarios bancarios públicos y privados también han ido aprendiendo y, hoy, comienzan a generalizar ese tipo de transacciones también en forma creciente.

Bancarización en línea, mayor eficiencia y reducción de costos son términos equivalentes. Van de la mano, por así decir. Así como el correo electrónico revolucionó las comunicaciones y desplazó en buena parte los sistemas manuales del servicio postal convencional (el telégrafo es a estas alturas un vestigio de la historia), la bancarización en línea ha contribuido a disminuir las incómodas filas en ventanilla, la costosa mensajería de cobros y pagos, la contabilidad, los informes laboriosos, los reportes necesarios y muchas otras actividades que antes se llevaban manualmente. La celeridad y eficacia de un pago electrónico es cosa de segundos, sin exagerar, comparado con las horas, días y, a veces, semanas con los sistemas manuales convencionales.

No solo en los bancos se evitan las filas. Las empresas y personas se ahorran muchas horas al poder efectuar sus pagos de servicios públicos, por ejemplo, por medios electrónicos. Tanto para pagadores como receptores, el ahorro es muy significativo. Y aunque aún no es muy tangible en términos de menores costos en los bienes y servicios, o reducción en las respectivas planillas, sí se siente a la hora de expandir la producción de bienes o servicios. Como regla general, las entidades públicas y privadas han podido aumentar su producción sin que los costos aumenten concomitantemente.

Definitivamente, la bancarización llegó para quedarse y se puede decir, sin temor a equivocarse, que seguirá en aumento. Y eso obliga a plantearse los retos pendientes. El primero es mejorar cualitativamente e incrementar la bancarización en línea, tanto en el sector público como el privado. Hace escasos dos años, la Empresa de Servicios Públicos de Heredia –para citar una entidad entre muchas– no permitía a sus clientes pagar por Internet ni realizar otras operaciones virtuales, mientras que en muchas empresas públicas y privadas esa posibilidad ya existía desde hace varios años. Quienes aún mantienen obsoletos procedimientos y obesas burocracias deben ponerse en línea.

Poder ofrecer mejores servicios y a más bajos precios es una exigencia de la globalización. Invertir más en investigación y desarrollo es otro reto para los sectores público y privado, incluyendo las universidades.

Mientras que en los países desarrollados se invierten grandes sumas en esos conceptos, en los nuestros hay un marcado rezago. Entidades como el INA, los colegios profesionales y centros de enseñanza superior deberían educar mejor a las personas para ser más eficientes en esta promisoria línea.

Desde el punto de vista de la fiscalización y control que ejercen las entidades públicas, incluyendo la tributación de ingreso y gastos, la bancarización masiva impone también grandes retos. Piénsese tan solo en la evasión de impuestos, desaparición de saldos y transferencia instantánea de recursos dentro o fuera del país que permite –o llegará a permitir– el cada vez más integrado sistema financiero internacional, o actos punibles más graves, como el lavado de dinero, que pueden realizarse en forma casi instantánea por medios virtuales, y se llega a la conclusión de que, quizás, todavía estamos en pañales. La Contraloría General de la República, entre otras instituciones, debería estar al tanto de las posibilidades, buenas y malas, de las nuevas tecnologías.

Dicho lo anterior, sin embargo, el balance de la bancarización en línea es, con mucho, positivo. Las ventajas superan las desventajas. Y, por eso, debe estimularse, sujeta, desde luego, a los controles y fiscalización que sean necesarios.

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comentarios

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Ciro Guera Lara 11:37 19/7/2010

Cuestiono el último punto: con las leyes sobre la legitimación de capitales y el financiamiento del terrorismo y sobre asuntos tributarios además de la cantidad de transferencias vía SINPE y BNCR y Central Directo y "conozca a su cliente" más bien puede tenerse un amplio registro de lo que pasa en el sistema finaciero.

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