Dormilón predice destrucción del Puerto
Raúl Scott, el hombre que durmió 240 horas seguidas en abril anterior, nos visitó para contarnos que durante su prolongado sueño vio la destrucción de Puntarenas.
Este es un resumen de lo que vio: “Yo vivía en Pueblo Nuevo. Desde mi casa, salí corriendo por las calles gritándoles a las gentes que salieran de Puntarenas, los que quisieran salvarse, porque el Puerto iba a ser destruido dentro de muy pocos minutos. Yo veía edificios de muchos pisos, muy altos y oía que de sus balcones y de las ventanas la gente decía que yo estaba loco”.
Un centenar de turistas de EE. UU. llegará al país
Movilizados por una agencia de viajes de esta capital, por la vía aérea arribarán, a las 8:30 a. m. de hoy, al aeropuerto de El Coco y procedentes de Panamá, más de 100 turistas norteamericanos.
A los estimables visitantes, que permanecerán en el país hasta el martes próximo, se les ha preparado hospedaje en los principales hoteles capitalinos.
Diferentes agencias se han organizado para planearles excursiones que los llevarán de visita a los volcanes Poás, en Alajuela, e Irazú, en Cartago, así como a otros sitios de una enorme atracción turística en el país.
Servicio meteorológico necesita nuevo equipo
Por medio de la Cámara de Ganaderos y de Agricultura se harán gestiones para que el Congreso conceda una partida especial destinada a la compra de instrumentos para el Servicio Meteorológico.
El objetivo es poder informar con mayor precisión sobre los vaticinios del tiempo. Estímase que tanto la agricultura como la ganadería podrían derivar considerables beneficios, cuando se cuente con un servicio que dé informes más exactos sobre lluvias o posibles sequías. El asunto será discutido la próxima semana.
Atraía a las palomas y les torcía el pescuezo
Los linchamientos aunque felizmente frustrados, parecen estar a la orden del día en Argentina.
En plena Plaza del Congreso, donde se levanta el Palacio Legislativo, un grupo de protectores de los animales estuvo a punto de matar a un individuo que, con una bolsita de maíz en la mano, atraía a las cándidas palomas. El desalmado sujeto apenas las aves se posaban en sus manos, les retorcía el pescuezo y luego las introducía en una bolsa de gran tamaño que tenía a sus pies.