“Hay que escuchar más, observar más y hablar menos”, aconseja a los papás la psicóloga clínica de Enfoque a la Familia, Gianina Córdoba.
Y hacerlo requiere una buena inversión de tiempo.
“Los padres deben estar más interesados en sus hijos. Prevenir actitudes violentas requiere mucho tiempo de inversión: que los padres hablen con los profesores guías y se preocupen por la parte personal de la vida de sus hijos: quiénes son sus amigos, cuáles situaciones están viviendo, si tienen acceso a alcohol, si son víctimas de matones'
“Lamentablemente, todos tenemos poco tiempo en estos días. Es más fácil limitarse a ver los reportes trimestrales. Pero es un error si se quedan solo con eso”, afirmó el psiquiatra Marco Díaz Alvarado, coordinador del Programa de Atención Integral del Adolescente (PAIA), en la Caja.
Para detectar a tiempo posibles síntomas o signos de alerta –no solo casos de violencia estudiantil, sino problemas como la depresión, ideas suicidas o trastornos alimentarios–, los padres deben, primero, perder el miedo a sus hijos.
“Sí, los papás les tienen miedo. Tienen miedo de las diferentes etapas por las que van pasando, sobre todo, en la adolescencia”, asegura Córdoba .
“Deben ocupar el papel que les corresponde como adultos, que es el de ser padres. (') Luego, deben respetar quién es su hijo: lo que le gusta hacer, lo que le gusta comer, de qué le gusta hablar, los juegos electrónicos que le atraen. Para esto, más que hablar, hay que desarrollar la capacidad de observar”, agregó la psicóloga.
“No se puede invadir su espacio, pero tampoco se les puede abandonar. Tenemos que llegar a un punto medio donde los estemos observando y haciendo aportes sin caerles encima”, agregó.
Es deber de los padres establecer líneas de comunicación, afecto (dar cariño y estímulo) y autoridad (fijar límites) con sus hijos, un triángulo indispensable en todo hogar. “Es cierto que en el adolescente es muy difícil detectar problemas, pues, por sus características de desarrollo, tienden a aislarse para conocer lo que les está sucediendo. Pero es responsabilidad del padre establecer esos canales de diálogo y aprender a ‘leer’ a su hijo. Es un rol difícil, pero los padres deben buscar formas de capacitarse”, dijo Marco Díaz.
Para fortalecer las relaciones y la comunicación familiar, el director de la Clínica del Adolescente, Alberto Morales, recomienda compartir con los hijos al menos un tiempo de comida al día. “Se trata de recuperar los espacios cotidianos porque esto disminuye los riesgos de uso de drogas, trastornos alimentarios, deserción escolar e inicio temprano de las relaciones sexuales”, sostuvo.
“No es solo tiempo en calidad. También en cantidad. Si queremos detectar temprano e influir positivamente en nuestros hijos, tenemos que estar ahí, y esto significa dedicarles tiempo”, advirtió Morales.