Una triste noticia para el mundo de las letras ha publicado el periódico La Nación, cuando informó que Don Quijote de la Mancha ya no será lectura obligatoria en los colegios de secundaria.
Flaco favor le hace a la juventud costarricense la posición del Ministerio de Educación Pública cuando, en aras de facilitar el acceso a la literatura, elimina la más grande obra literaria jamás escrita en idioma español.
Nuestros jóvenes. Defender sus cualidades literarias aquí es absolutamente innecesario, hasta el más sencillo de los habitantes del mundo de habla hispana sabe de su magnificencia. Lo que es doloroso es que se menosprecie la posibilidad de nuestros jóvenes de acercarse a la excelencia, porque según dicen “de todas maneras no lo leen”. Todos los adultos tenemos en nuestra memoria la acción de nuestros padres, mentores o educadores a quienes desde nuestra visión actual agradecemos el habernos obligado a realizar algo que hoy sí valoramos.
Por otra parte, quién dijo que educar era fácil. Nunca lo fue y nunca lo será. Tampoco aprender. Aquellos que hemos creído importante entrar al ámbito de la docencia sabemos que nuestros esfuerzos no siempre son valorados por nuestros estudiantes en el momento, pero no se puede olvidar cuando alguno de ellos, de otro tiempo, se acerca y con cariño nos increpa por la dureza antigua que hoy es herramienta en su desarrollo.
Dos padres. Como latinoamericanos, para bien o para mal tenemos dos padres: las culturas prehispánicas y España en nuestro pasado más cercano. Voluntariamente y por decisiones educativas erradas nos hemos alejado de los primeros. Ahora se nos propone alejar a nuestros hijos de su herencia española. ¿Cuál será entonces la vía para conocer nuestra identidad si es que alguna vez logramos encontrarla?
Hoy quiero hacer mía una queja que alguno de mis hijos siendo niño, me hizo cuando leyendo juntos el Quijote, Don Alonso se prepara para la muerte, y con angustia me dijo “¡Ah no mami, que no se muera! Hago mías sus palabras para abogar: ¡Ah no, don Leonardo, que no se muera!
Porque todos sabemos que ese es el principio del fin: qué joven querrá leer “voluntariamente” un libro que los propios educadores y las autoridades de la educación califican como difícil de analizar. Así no se motiva. Porque una cosa es facilitar y otra es educar. Solo educamos cuando amamos lo que hacemos y queremos trasmitirlo. De otro modo, solo facilitamos.