Queridos compatriotas homosexuales (homo + sexual: qué giro antojadizo del lenguaje), bisexuales, heterosexuales, multisexuales, compatriotas en general sin distinción de sexo, ni sexo sin distinción: les escribo para decirles que yo me arrepentí de haberme casado.
Después de varios años de feliz convivencia sigo enamorada de mi marido y por eso cada día lamento estar unida por la ley a alguien a quien me une la voluntad. Sí, a esta rebeldía se le llama inmadurez, lo sé, pero no se me ha curado con la edad.
Cuando éramos jovencitos eso de ser “novios” nos parecía ridículo. En cambio, el otro día iba por la calle y una excompañera del colegio me presentó a su acompañante como su novio, y me dio una envidia corrosiva. “Novios”, qué linda palabra, qué lujo a los cuarenta poder decir: “Este es mi novio”. Vivan los novios y vivan las novias.
En fin, amigos míos homosexuados, asexuados, lenguados y menguados: piénsenselo bien. ¿De verdad se quieren casar? Seré yo muy retorcida, pero creo que solo quiere estar casado quien ya no siente amor. Imagino que una da gracias por estar casada cuando se encuentra al marido con la vecina en el baño de visitas en posturas comprometidas, ustedes ya me entienden. Entonces una da gracias por estar casada, porque el matrimonio es un contrato entre dos partes (salvas sean las partes) y si el otro ha incumplido el contrato, que Tatica Dios le ayude, o en su –probable– defecto una legión de abogados.
La palabra “matrimonio” es horrenda, sugiere electrodomésticos a plazos, deudas, hipotecas, ropa sucia' La palabra “patrimonio” en cambio es espléndida, resuena a una parcelita frente al mar, una casita en Dota, dos yeguas, un barquito con tu nombre' Hasta en esto es machista el lenguaje.
Pero bueno, el contrato matrimonial ha ido cambiando con el tiempo y tampoco es igual en todas partes. Menos mal en este lado del mundo una mujer no tiene que inmolarse si se queda viuda. También en este moderno lado del mundo existe una cláusula de “separación de bienes”, que no me negarán que suena un poco paradójica con el supuesto espíritu amoroso del susodicho contrato.
Aunque ya, puestos a renovar el asunto, un amigo mío abogado está elaborando un contrato de matrimonio que contemple la posibilidad de vivir en casas separadas y que permita el intercambio carnal con terceros, que no terneros, aunque como dice la película de Woody Allen: “Hombre, si la cosa funciona'”. Allá se casen Baldomero y su ternero y vivan muchos años en amor y compañía.
Por todo lo expuesto, que en Costa Rica no esté admitido el matrimonio entre personas de un mismo sexo no me parece tan grave. Más grave es eso de que una vez casados tengan siempre el mismo sexo. Pero paciencia, que todo se andará, amigos y amigas de todos los colores.
Si Costa Rica quiere parecer un país desarrollado, tendrá que pasar por esto. Eso sí, un consejo: asegúrense de que junto con el derecho a casarse les otorguen el derecho a divorciarse. Si no, sí que se fueron con todas.
En cambio lo que es muy grave, gravísimo, es que se considere este un asunto para ser sometido a referéndum. ¿Desde cuándo, en una democracia, el pueblo decide estas cosas? La democracia representativa existe justamente para evitar ese caos y ese abuso. Para eso están los políticos, para eso están nuestros representantes, que tan meditada y maduramente hemos escogido con nuestro voto.
Casi solo se justifica un referéndum cuando atañe directamente a la clase política, pues no pueden ellos ser juez y parte de sus propios asuntos.
Por ejemplo: hagamos un referéndum preguntándole al pueblo de Costa Rica si está de acuerdo en rebajarle el sueldo un 30% a los políticos.
Aquí les dejo la idea.