EDITORIAL

Una alianza necesaria

Ningún crítico del permiso otorgado a las naves estadounidenses ofrece, hasta ahora, una relación convincente de los supuestos peligros

Nuestro país solicita ayuda para combatir el narcotráfico. La pregunta de hoy es cuánto estamos dispuestos a contribuir a cambio

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12:00 a.m. 06/07/2010

La renovación del permiso a las naves estadounidenses para ingresar a territorio marítimo nacional con el fin de combatir el narcotráfico en nada lesiona la soberanía costarricense. Estados Unidos pidió permiso y la aceptación de la Asamblea Legislativa es por tiempo determinado. En diciembre habrá oportunidad de revisarla. El permiso se otorga, además, con claridad de propósitos y el incumplimiento sería razón suficiente para darlo por cancelado.

Mucho se ha dicho del tamaño de la fuerza autorizada. La lista es larga y los números impresionantes, no en cuanto a la cantidad de buques, muy similar a los permitidos por el Congreso desde 1999, pero sí en el número de hombres y las dimensiones de los aparatos. Menos atención se ha prestado a las explicaciones del Gobierno sobre el uso parcial de esa fuerza en cada momento determinado. La idea no es estacionar la flotilla completa frente a nuestras costas, sino tener abierta la posibilidad de ingreso para cualquiera de sus partes.

Ningún crítico del permiso ofrece, hasta ahora, una relación convincente de los supuestos peligros. Algunos, afectos a la estridencia, hablan de una “invasión”, pero ni ellos mismos creen que Costa Rica esté bajo riesgo de una intervención armada estadounidense. Otros hablan del desarrollo de una estrategia militar secreta, pero la imaginación no les alcanza, siquiera, para especular sobre posibles objetivos. ¿Cuáles ventajas obtendría la armada estadounidense que no estén a su alcance desde alta mar o a partir de las bases establecidas en Colombia y varios puntos del Caribe?

Del otro lado de la discusión hay argumentos más concretos, sobre todo la evidente presencia del narcotráfico y su amenaza a las instituciones y forma de vida de los costarricenses. Hay una invasión, sí, pero no de las fuerzas norteamericanas. La incursión va por cuenta de los carteles de la droga, ayer colombianos y hoy también mexicanos. A diferencia de las fuerzas desplegadas por los Estados Unidos en nuestras aguas desde 1999, esa invasión ya cuesta bastante sangre y desazón.

También afecta a nuestras instituciones y responde a una estrategia bien concebida. Es producto de la ofensiva del Gobierno mexicano y consiste en una especie de repliegue táctico hacia tierras centroamericanas, menos hostiles al multimillonario negocio criminal. Guatemala se está llevando el grueso del impacto, pero los demás países del Istmo lo sufrimos con intensidad y nadie puede decir hasta dónde o hasta cuándo.

Costa Rica no posee lo medios idóneos para la defensa. Cuenta con una institucionalidad fuerte, una Policía comparativamente hábil y un vecindario, por ahora, más atractivo para los carteles. Pero también tiene una historia de vulnerabilidad y un presente lleno de riesgos palpables. Carece, además, de las fuerzas necesarias para vigilar su espacio marítimo y terrestre.

Nuestro país hace constantes peticiones de ayuda a los Estados Unidos y otras naciones para fortalecer la lucha contra el narcotráfico. Cuando el apoyo es insuficiente, protesta con toda justicia. La pregunta de hoy es cuánto estamos dispuestos a contribuir a cambio. Se nos pide permiso para utilizar nuestros cielos y mares. Negar esa ayuda es una decisión grave, que no debemos tomar sobre la base de sospechas atávicas o infundadas teorías de la conspiración. El narcotráfico es nuestro principal problema de seguridad nacional y ante nosotros está la pregunta de si aceptamos integrar una alianza para enfrentarlo.

Una vez que ha sido revisada la correlación de fuerzas entre nosotros y el verdadero enemigo, la negativa implica riesgos en extremo importantes.

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Fyodor Aadrianov Castro 11:27 7/7/2010

Al Sr. Fernando Esquivel Castro: A diferencia del otro caballero, que se quedó colgado en el primer párrafo, usted si leyó lo que yo escribí. Incluso, tal vez sea usted de los pocos que leen el Quijote por placer. No señor Esquivel, usted no es superficial. Aquí el irónico es usted, además de holgazán. ¿Qué otro adjetivo aplicar a un sujeto que llama “fuerza policial ” a una operación militar? Hiperbólicas son también las expectativas de muchos respecto a la solución militar a un problema, que como bien dice usted metafóricamente, tiene muchas dimensiones. No discrepo con usted en la necesidad de combatir el narcotráfico. Igual que usted apoyo cualquier “esfuerzo lícito para combatir ese mal”. Figuras literarias aparte, yo veo dos puntos sobresalientes en este asunto: 1. La pregunta que plantea este editorial es “cuánto estamos dispuestos a contribuir a cambio.” La respuesta que sugiere es la entrega de la soberanía. Este es un asunto que en última instancia será decidido por la Sala Constitucional. Sin embargo yo veo el asunto de esta manera: Hay un problema de inseguridad en un barrio. Una empresa ofrece ayuda. Los vecinos solo tienen que firmar el contrato ya elaborado por la empresa. Aunque ofrece beneficios mutuos, el contrato antepone los intereses de la empresa a los de los vecinos. Tiene incluso cláusulas que permiten a la empresa allanar casas y la exonera de responsabilidad por daños. Dudo que muchos firmen a ciegas, o sin renegociar al menos, un acuerdo así. 2. El segundo punto tiene que ver con el fortalecimiento de la institucionalidad. La ayuda internacional, de cualquier tipo, no va a solucionar el problema. En última instancia es el gobierno de Costa Rica quien tiene la responsabilidad de planificar y ejecutar una estrategia contra el narcotráfico. Por supuesto con ayuda y dentro de un contexto de cooperación internacional. En este sentido el editorialista también es holgazán. Espero que un próximo editorial enfoque este aspecto. Me gustaría que esta discusión sea el inicio de la búsqueda de una solución integral “para combatir ese mal de mil cabezas y diez mil manos”.

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Edwin Zamora Bolaños 08:05 7/7/2010

Siendo así la cosa, y dado que estamos tan mal no solo en seguridad sino también en infraestructura, educación, administración de Justicia, etc... pues llamemos a los gringos que nos vengan a Gobernar solo eso faltaría!!! Bien dice el dicho que no hay peor ciego que el que no quiere ver, esto es un asunto de principios, de soberanía y en última instancia de vergüenza pro eso no debe aceptarse un pisoteo de este tipo a la dignidad nacional. Si el problema del tráfico de drogas lo genera el propio Estados Unidos internamente y es poco lo que se hace ahí para contenerlo ahora quieren desplegar su ejército en nuestro territorio??? que lo hagan en el de ellos a ver si aguantan!! El caso de México es patético desplegando el ejército y todo no han podido contener el problema quien garantiza que aquí si va a ser efectivo?? Quién se va aguantar ver soldados armados andando por donde quieran y haciendo lo que quieran a total discrecionalidad como lo dice el convenio ratificado?? Esto una bofetada a lo más profundo de ser costarricense!!! En mi caso le echo el carro encima al primer soldado que quiera detenerme en la calle.

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Fernando Castro Esquivel 17:42 6/7/2010

Al culto Fyodor Aadrianov le digo que soy superficial y sí creo que los marines viene a luchar contra narcotraficantes. Es una fuerza policial de la cual no podemos echar mano los costarricenses, y en lugar de estar ironizando y elucubrando símiles inocuos, deberíamos a apoyar cualquier esfuerzo lícito para combatir ese mal de mil cabezas y diez mil manos llamado Narcotráfico (esto es una hipérbole).

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German Ramirez Roustran 16:37 6/7/2010

En una entrevista realizada por la agencia IPS, al coronel retirado del ejército de EEUU, Ann Wright, se le consultó sobre el tema de la violencia de los soldados estadounidenses contra las mujeres y adolescentes japonesas, incluyendo ataques sexuales y violaciones, a lo que la ex militar indicó que “Sí, hay muchos ataques sexuales y violaciones. Son crímenes que deben ser juzgados, y rara vez lo son”. “Los efectivos estadounidenses arguyen que las estadísticas sobre violaciones por soldados no son mayores que las que se producen entre civiles, pero ése no es el punto. Los militares se jactan de orden y disciplina, y deben ser capaces de inculcarles a sus miembros temor a cometer este delito. El castigo debe ser una alta prioridad, y eso no existe en el ejército de Estados Unidos” agregó Wright.

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German Ramirez Roustran 16:35 6/7/2010

Militares dejan estela de violaciones sexuales en diversos países.. La llegada de más de 13 mil “marines” de la Armada de los Estados Unidos expone a las costarricenses a un alto riesgo, partiendo de la amplia estela de abusos sexuales, a causa del alto consumo de alcohol y drogas, que han dejado esos militares en los países que se han instalado. Los casos de violaciones son comunes y han sido denunciados por una gran cantidad de organizaciones humanitarias e incluso por las propias autoridades de EEUU. Una de las condiciones más comunes a las que se comprometen los países que ceden su soberanía ante el Ejército estadounidense es el otorgar inmunidad a los soldados por crímenes comunes, que cometan en los territorios ocupados.

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