EDITORIAL

El caso de Honduras

Conforme a las leyes internacionales, Honduras posee las credenciales requeridas para participar de manera plena en la c omunidad democrática mundial

Hoy día, únicamente Hugo Chávez y sus amigos persisten en cuestionar la legitimidad del presidente Porfirio Lobo

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12:00 a.m. 04/07/2010

Honduras es un país democrático con un Gobierno surgido de elecciones libres, competidas y avaladas por la nutrida presencia de observadores internacionales. Las instituciones propias de las democracias funcionales, no meramente nominales, operan en forma normal. Asimismo, los organismos multilaterales globales mantienen relaciones fluidas con el nuevo Gobierno. Y no podía ser diferente. Conforme a las leyes internacionales, Honduras posee las credenciales requeridas para participar de manera plena en la comunidad democrática mundial.

Sin embargo, hay un pequeño pero estridente grupo de países que no reconocen a dicho Gobierno y se empeñan en sabotear su presencia en los foros internacionales. Así ocurrió recientemente con una cumbre de Europa y Latinoamérica en Madrid. Aunque el Presidente hondureño estaba invitado, la presión del citado núcleo de Gobiernos, que amenazó con boicotear la reunión, al final forzó el retiro de Honduras. De igual manera, el pequeño círculo impide la readmisión del país a la Organización de Estados Americanos (OEA) y entorpece su acceso pleno al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otras entidades regionales.

No hay duda de que los acontecimientos del año pasado en Honduras, que implicaron la remoción del entonces presidente Manuel Zelaya, suscitaron una agitada polémica internacional, en mucho matizada por las imágenes del depuesto jefe de Estado conducido por militares a un avión que lo llevaría a Costa Rica. Sin ahondar en los factores que motivaron la crisis hondureña, lo cierto es que el proceso electoral, convocado previamente por el mismo Zelaya, culminó de manera exitosa con la designación del nuevo presidente Porfirio Lobo y la conexa normalización democrática del país.

Resulta de sobra evidente que ese desenlace no sació las exigencias de quienes demandaban reinstalar a Zelaya a toda costa, incluso mediante una intervención armada. Liderados por el presidente venezolano Hugo Chávez, sus colegas de Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, Argentina y Brasil, han mantenido una campaña implacable en contra de Honduras. Valga señalar que la cantidad de Gobiernos que inicialmente censuraron la expulsión de Zelaya, incluyendo a Estados Unidos, se fue reduciendo conforme se aclaraba el trasfondo de la separación presidencial y transcurría normalmente la campaña para elegir un nuevo presidente constitucional. Hoy día, únicamente Chávez y sus amigos persisten en cuestionar la legitimidad de Porfirio Lobo.

La actitud de Chávez y sus seguidores se origina mayormente en que Zelaya era un amigo cercano del jefe bolivariano y, peor aún, la inserción definitiva de Honduras en la órbita venezolana fue frustrada por la oposición interna al fatal giro. El presunto celo democrático que se arrogan quienes ahora se ensañan contra Honduras, es negado por las actuaciones arbitrarias y poco democráticas de la mayoría de ellos.

No puede negarse, sin embargo, la influencia del grupo chavista en la arena internacional. En gran parte, este fenómeno proviene del clientelismo desarrollado por Chávez en el hemisferio, notorio en Cuba, el Caribe y hasta en Argentina. Las compras multimillonarias de bonos argentinos y las ayudas financieras brindadas al binomio político de Cristina y Néstor Kirchner explican la solidaridad de la Casa Rosada. También arrojan luz en torno a sus relaciones en el ámbito de la OEA.

Lo que no luce tan claro es el proceder internacional de Lula. El mandatario brasileño ha captado muchas simpatías por su origen humilde y su magistral conducción política interna que combina la ortodoxia macroeconómica con un amplio y prudente gasto social. En materia externa, Lula ha jugado a amigo de todos con cierto manejo de las tesis de izquierda para satisfacer a su conglomerado electoral. No obstante, durante el último año ha demostrado hiperactividad en ámbitos poco usuales.

La oficiosidad de Itamaratí tocante a Zelaya desentonó con la imagen democrática de Brasil. Asimismo, los devaneos de Lula con Irán y Ahmadinejad y las andanzas con Turquía dirigidas a escudar el desarrollo nuclear iraní, provocan reacciones adversas en importantes centros de poder occidentales. Para muchos, Lula busca figuración mundial para abonar una eventual Secretaría General de la ONU o, al menos, el Premio Nobel de la Paz. Entre tanto, Chávez encontró un aliado clave en su vendetta contra Honduras.

En el tema de Honduras no podemos dejar de señalar el papel incierto de Estados Unidos, carente a la fecha de una política clara hacia América Latina. El vacío dejado por Washington en la región abre espacios para los desmanes de Chávez y sus peligrosas aventuras con el terrorismo de Irán y el armamentismo ruso.

Por ello, la reconquista de espacios para la democracia, la libertad y la dignidad del ser humano, se presenta como una tarea primordial y constante para una gran alianza hemisférica en que Estados Unidos y democracias como Costa Rica están llamados a desempeñar un papel fundamental.

Sería, en importante medida, una campaña para depurar el ambiente viciado de las relaciones interamericanas que hoy propicia situaciones injustas, como la de Honduras.

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comentarios

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Habib Succar Guzmán 22:54 5/7/2010

Pues el editorial de marras no resiste el análisis de sus propios antecesores (editoriales pasados) porque si aplicamos los mismos valores que vienen esgrimiendo hace años en La Nación, el editorial se cae a pedazos... Es demasiado interesado, parcial, venal...

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19:16 4/7/2010

No se debe legitimar un gobierno , luego de un golpe de estado (no buscar tecnicismos para cambiar de nombre al hecho). Estimada presidenta Chinchilla, se pregunto Ud donde esta Micheletti?. Esta protegido o no ?. Defienfe Ud esto.

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Hansel Luis Luis Ramírez 17:39 4/7/2010

Bajo ningún argumento se puede justificar a un gobierno impuesto por un golpe de estado. Para quienes la democracia es un cheque en blanco en que un gobierno asesina y atropella a quienes son opositores por el hecho de haber "ganado" unas elecciones, ofende el concepto mismo de demacracia. En el caso de Honduras es injustificable legitimar a Porfirio Lobo quién participo directamente en el contubernio montado para sacar a Manuel Zelaya, presidente legitimo de Honduras. Lamento que existan articulistas que traten de justificar lo que evidentemente no se debe y para ello distorsione el concepto de democracia..

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Edwin Barquero Guerrero 16:41 4/7/2010

Estoy de acuerdo con el Editorial. Como casi todo el mundo, no sabia que el señor Zelaya estaba a punto de escupir y patear sobre su propia Constitucion. Mi pregunta... ¿Aceptariamos con agrado que uno de nuestros Presidentes Costarricenses, solo por ser presidente, decidiera hacerle cambios a nuestra constitucion llore quien llore? Creo que no. y no nos quedaria mas que hacer las de Michelleti. ¿Quien fue el que metio las patas primero?. Ahora, por el bien de Honduras recordemos lo que paso pero de muy atras, no solo desde el momento de Michelleti.

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Mario Bastos Garro 15:44 4/7/2010

No es democrático aislar un pueblo, No es democrático tolerar la corrupción de Gobiernos. Hemos visto muchos gobiernos elegidos por el pueblo, luego se han corrompido. Hay que entender que una elección es democrática porque el pueblo eligió, pero eso no quiere decir que si el gobernante se corrompe, que también eso es democrático. Es un Gobierno corrupto al amparo de una democracia. De estos gobiernos hay varios en América Latina y en otras partes del Mundo. Lo que pasa es que la gran mayoría de las Cosnstituciones están hechas para tolerar a estos individuos, incluso los mismos presionan para promover reformas que los favorescan. Esto no es democrático. Precisamente fue el detonante en Honduras, incluso las papeletas para un referendum, se impimieron en Venezuela. Costa Rica tiene una Imprenta Nacional, para imprimir leyes y documentos electorales, qué pararía si vemos que un presidente nuestro va a imprimir documentos electorales a Venezuela o a Cuba. Lo primero es que anda de a escondidas, lo segundo, cuáles son sus intenciones para que esto suceda. Estas cosas tracionan al pueblo que eligió democráticamente. También la Asamblea de Honduras votó por abrumadora mayoría, en contra del Presidente Zelaya, de acuerdo a su Constitución. Su Constitución es la de un país soberano, por lo tanto respetable, así como respetable es aquellas Constituciones que han Establecido la Pena de Muerte como castigo. Este acto es Constitucional aunque sea terrible. Quiero decir con todo esto, que No debemos democratizar la corrupción, cuando se disfraza de democracia para actuar o mantener el poder. El pueblo hondureño decidió. Ahora hay que esperar si el nuevo presidente se desenvuelve en democracia. Por el momento, merece todos los créditos por haber sido elegido democráticamente. Ante actuaciones indignas de una democracia, de acuerdo a la Constitución de Honduras, le puede suceder lo mismo que al señor Zelaya. En cuanto a los periodistas muertos, deben investigar quienes los han matado. No podemos recriminar a priori, en un país conflictivo, cualquier bando los podía haber asecinado, recordemos que es cuestión de estrategías políticas y al que menos le sirve es al gobierno actual matar a un periodista, sí pueden estar muy interesadoslos Zelayistas, con el afán de desprestigiar al gobierno. Por eso digo deben investigarse bien esos crímenes. Yo diría que en forma Internacional, para que resplandeza la Justicia y la Verdad de los hechos.

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