El Banco Nacional de Piel del Hospital Nacional de Niños ya está listo para iniciar sus labores de almacenaje de piel para luego utilizarla en trasplantes para niños con quemaduras muy severas –que cubren más del 50% de su cuerpo– y así salvarles la vida.
Los menores con quemaduras graves pierden agua y proteínas, y son propensos a infecciones bacterianas que ponen en riesgo su vida. Estas lesiones no sanan por sí solas. Un trasplante de piel protege la parte quemada y evita infecciones y pérdida de nutrientes, con lo que la piel del paciente se regenera más rápido.
Al cabo de 15 ó 20 días, la piel comienza a regenarse y se remueve la piel donada. De ser necesario, se hace un nuevo trasplante.
“El Banco puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte de un niño. Antes teníamos que buscar milagros para salvar a los menores; con este banco, ya no será necesario porque tendremos piel almacenada y esterilizada para uso inmediato”, comentó Carlos Siri, jefe de la Unidad de Quemados del Hospital de Niños.
Para Esteban Zamora, un joven que sufrió una quemadura hace 13 años, el proyecto ayudará a que los niños sanen con menos dolor.
“Estos trasplantes darán calidad de vida a los niños quemados, que se recuperarán más rápido y con menos riesgo”, manifestó.
Nuevos planes. El objetivo de este proyecto no solo es dedicarse al almacenamiento de piel. Hay planes para un banco de membrana amniótica (la membrana interna del saco fetal) para tratar niños con quemaduras graves en sus caras.
“La piel de la cara es más sensible y requiere de mayores cuidados. La membrana amniótica actúa como una segunda piel que evita infecciones y pérdida de líquidos y nutrientes”, dijo Patricia Venegas, jefa del Banco Nacional de Piel.
Estas membranas se obtendrán a través de un futuro convenio con el Hospital San Juan de Dios.
“Obtendremos membranas de partos por cesárea, que tienen menos riesgo de contaminación que las de un parto natural. Tendrán tratamiento especial y permanecerán en el laboratorio por seis meses para que estén en condiciones óptimas”, explicó Marlen Herrera, microbióloga del Banco.