Johannesburgo
Un abismo de calidad individual separa a los planteles de Brasil y Chile. También de mentalidad. Hay antecedentes. En la Copa América de Venezuela, esta misma selección de Dunga le marcó seis goles a un Chile desorganizado. Le costó la cabeza al técnico Nelson Acosta.
Ahora que está organizado le hizo el 50 por ciento de descuento. Y caminando, sin despeinarse. Pareció un trámite administrativo rutinario en el que apenas había que llenar algunas formas. No mucho: nombre, domicilio, cédula y firma al pie.
La Roja tenía en 2007 ocho jugadores que anoche estuvieron en el césped de Ellis Park: Bravo, Contreras, Fuentes, Jara, Valdivia, Suazo, Mark González y Matías Fernández. Primera lectura: no ha habido mucha renovación chilena.
Segunda: estos muchachos no pueden con el estigma brasileño: también cayeron por goleada en los partidos de la eliminatoria reciente: 3-0 en Santiago y 4-2 en casa. Bielsa no juega, no patea, no cabecea. La realidad es que entre estos equipos no hay ambivalencias. El 3 a 0 fue un piadoso manto de hermandad latinoamericana. Brasil ni siquiera apretó el acelerador. Si lo hacía tal vez asistíamos a un resultado de tenis.
La asombrosa facilidad con que pasó la prueba el equipo verdeamarillo dejó pensando a todo el futbol: ¿hemos visto al campeón del mundo? Sabemos que viene Holanda en cuartos, y quedan semis y final, sin embargo, cabe preguntarse: ¿alguien puede mandar a la lona a Brasil? ¿Quién?
Este Dunga Team, amarrete, ahorrativo, calculador, genera un respeto reverencial. Porque sin ser ofensivo anota tres goles con la naturalidad de quien saborea un helado de crema. Si llega a ganar el Mundial ni siquiera se podrá hablar de proeza, porque lo hará con tanta serenidad y solvencia que asombra. De una cosa estaremos seguros: nunca habremos visto ganar tan fácil un Mundial.
Va a ser muy difícil sorprenderlo: al mejor arquero del mundo (Julio César), le añade dos centrales extraordinarios (Lucio y Juan), dos medios que esquilan a todo el que pase por allí (Gilberto Silva y Felipe Melo, anoche Dani Alves) y los tres demonios de arriba (Robinho-Kaká-Luis Fabiano).
Tienen estos muchachos brasileños la prudencia de los sabios. Esperan el momento de dar la estocada. El gol de Luis Fabiano es un ejemplo de su contundencia mortal: tres toques y a la red, todo de primera: Luis Fabiano a Robinho, pase profundo a Kaká, toque excepcional amortiguando el disparo para que no se vaya largo y Luis Fabiano que elude a Bravo y anota.
Un contraataque para pasarlo en las escuelitas de futbol. Todo lo demás fue una demolición lenta de un equipo que hace de la paciencia un arte.
Ecos del escándalo. Todos los medios del mundo centralizaron su información en el escándalo arbitral de Alemania-Inglaterra y, en menor medida, de Argentina-México. En los parámetros de FIFA, al parecer, primero está la polémica, luego la justicia. No importa que un equipo sea eliminado del Mundial por un gol inexistente, importa la discusión que ese gol genere. Tal el lineamiento que baja de la reina madre del futbol. Una tontería para explicar por qué no se admite el uso del video u otros medios técnicos para dilucidar jugadas dudosas en el futbol.
El planeta entero vio el gol de Inglaterra a Alemania, el único que no logró verlo fue justamente el encargado de convalidarlo: el línea uruguayo Mauricio Espinosa. Se efectuó una medición en televisión y la pelota ingresó 80 centímetros en la valla de Neuer. Fue, posiblemente, la falla más torpe de la historia de los Mundiales. Y sobreviene justo después de la tozuda negativa de las autoridades del futbol a admitir el uso de la tecnología.
El valor del primer gol. Lo mismo aconteció con el primer tanto argentino a México, en flagrante off-side. De haber sido el segundo o el tercero, nadie hablaría, pero se sabe que, en futbol, el primer gol abre el partido y prácticamente lo define.
De las 40 victorias registradas hasta ayer, 38 fueron para el equipo que marcó el primer gol.
Inglaterra lo votó. Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte integran el International Board junto a la FIFA. Inglaterra y Escocia estaban a favor de dar vía libre a la tecnología (chip en la pelota y video). Gales e Irlanda del Norte, alineados con la FIFA, se oponían. Finalmente, tras muchas deliberaciones, los dos primeros se avinieron a votar contra la iniciativa.
¿Quién reclama polémica? En las dos primeras semanas de la Copa las quejas generales apuntaban a la escasez de goles y a la falta de buen futbol, a nadie escuchamos decir “¡qué poca polémica hay en este Mundial!”
La gente pide juego vistoso y ofensivo, emociones, no broncas.