Arquitectura y seducción

El seductor llama la atención de su víctima y crea enigmas que hacen activar sus deseos

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Jorge Grané Arquitecto 12:00 a.m. 21/06/2010

El título debió haber sido Arquitectura y pornografía, pero esta última palabra hubiera creado falsas expectativas sobre el contenido del asunto a tratar. Es preferible empezar refiriéndose a la seducción y recordar nuestra inconsciente actitud seductora que necesita, y siempre encuentra, a quien seducir.

El título debió haber sido Arquitectura y pornografía, pero esta última palabra hubiera creado falsas expectativas sobre el contenido del asunto a tratar. Es preferible empezar refiriéndose a la seducción y recordar nuestra inconsciente actitud seductora que necesita, y siempre encuentra, a quien seducir.

Nuestros lejanos antepasados ejercían ese arte de manera primitiva y su intención era la de llamar la atención y atraer a su objetivo. Para decirlo en forma también primitiva, la hembra buscaba al macho más fuerte y lo elegía como padre de su cría. De esa manera se aseguraba una descendencia vigorosa, capaz de afrontar las inclemencias del entorno y así se respondía a la ley natural que estimula la supervivencia de nuestra especie.

Ese acto poco tenía de seducción sino que funcionaba como un impulso reproductivo que carecía de toda emoción. Pero llegó el día en que la fuerza física dejó de ser el único atributo a destacar, sino que ahora los seres más astutos, más ingeniosos o más creativos inauguraron el poder de la inteligencia. Estas cualidades básicas sirvieron para fijarse ahora en quienes poseían la habilidad de resolver problemas, tomar decisiones acertadas y tener encantadoras respuestas.

Así nació el seductor, junto con la seductora, cada cual haciendo gala de los talentos referidos a las condiciones de su género.

Estrategia del seductor. El seductor recurre, de acuerdo con sus habilidades, a estrategias varias, pero su forma básica de actuar es llamar la atención de su víctima y, en un juego de simulación, crea enigmas que hacen activar sus deseos y sus emociones. Si asociamos esta idea con el significado de la Arquitectura nos daremos cuenta que, si esta no es capaz de seducirnos, no es obra de un arquitecto.

Dice el filósofo francés Jean Beaudrillard que hay que haber sido seducido para saber seducir. En el caso de los arquitectos (que puede ser referido a cualquier otra profesión) estos no podrían ejercer éticamente su profesión si no fueron seducidos, anteriormente, por la Arquitectura.

El seductor llega a jugar, a veces, perversamente y exagera los artificios con que envuelve emocionalmente al seducido. En Arquitectura, eso ocurre cuando los significados de la obra se sobrevaloran y se crean grotescas simulaciones que exceden la realidad y que fracasan en su intento de seducir. Estos excesos se relacionan con la pornografía que, llevada al campo de la seducción, antepone la lujuria sobre la sensualidad.

Es injusto y riesgoso acusar a la Arquitectura toda de transitar por ese camino, porque por ahora son solo unos pocos los ejemplos de excesos en este campo los que, desafortunadamente, son difundidos por medios de comunicación que avalan su excelencia destacando su audacia.

Estas propuestas arquitectónicas nos dejan sin emociones y convierten el sutil juego de la seducción en un desafío donde la provocación se apoya en las apariencias de un objeto travestido.

Cuando la pornografía pretende seducirnos, algo anda mal, y si es en el campo de la Arquitectura corremos el riesgo de llegar a recorrer, en el futuro, ciudades sin encantos que nos emocionen.

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