No por necrofilia, sino por cruel constatación objetiva del jefe de la Fuerza Pública de San Pedro, es vox populi' pero no la voz de Dios: esa calle amarga y mata, al generar el 40% de los delitos en el cantón. Escuela de la muerte, al lado de la mayor universidad del país'
Fresco tenemos todavía en la memoria a esa muchacha, Ana Larios, segada en la mañana del 24 noviembre del 2008 por un irresponsable, lleno de combustible etílico, cargado en la calle de la Amargura. Pero con esta nueva y reciente víctima de esa no tan metafóricamente llamada arteria sigue el crescendo' hacia el barranco.
También es cuestión de responsabilidad individual, no cabe duda. Con trastorno bipolar y responsabilidad paterna, no es propicio trasnochar en uno de esos bares, varios (no todos, no generalicemos) no tan literariamente, de mala muerte. Lo que le pasó a ese muchacho malhadado es “muerte súbita” (y en este momento no hago publicidad para esa deliciosa cerveza belga').
Sigan rasgando vestiduras, unos sobre la libertad de comercio y otros sobre la sacrosanta autonomía de la universidad: en ambos casos, frente a esas posturas recalcitrantes, la triste realidad enseña que caben límites y se impone coordinación con las autoridades (Salud, Policía, Alcaldía, Universidad).
Nadie se opone a la existencia de lugares de diversión cerca de la universidad, pero todo reglamentadito y sin desmanes. Con emoción recuerdo la “soda Guevara” donde con el legendario Constantino Láscaris tratábamos de arreglar el mundo' Menos lo lograrán ahora: a punta de explotación de lo más vil en el ser humano y de permisividad de las autoridades mataron hasta la tertulia.
En ese sector, más allá de beneficios económicos que puedan dejar los comercios a la Municipalidad de Montes de Oca, urge evaluar y si es del caso revocar patentes de por si irrespetadas, condiciones acústicas deplorables y el tipo de actividades que se desarrollan. En cambio, en esta, a fuerza de “tolerancia” y parches (léase: relajo de autoridad municipal, sanitaria y legal) el mal se volvió metastático: ruido y escándalo desde las tres de la tarde' hasta las tres de la madrugada. Consecuentemente, no se resolverá poniendo una patrullita las veinticuatro horas a costa del ya escaso erario y de nosotros los contribuyentes que no somos causantes de ese desmadre.
Un mensajito específico, en castellano, no en chino, pero ojalá se entienda en todos los idiomas: señala la información respecto de este nuevo trágico evento que “una turba” precipitó este nuevo desenlace fatal. ¡Otra vez un mismo bar, mencionado en los reportes periodísticos, pero de cuyo nombre yo no quiero acordarme, conocido por su infernal y altísima música reggae!
Dos veces en los últimos meses fue descalificado, por exceso de ruido, constatado por personeros del Ministerio de Salud' y no pasó nada, nada de nada. Los muertos que vos matasteis' bien muertos quedarán. ¿Cómo es posible que cierta empresa (de cuyo nombre tampoco me acuerdo, Sr. Juez) promueve el tomar responsablemente y a la vez presta una patente a un bar que causa tanta muerte?
Y una última reflexión general: tienen la palabra (y la acción) las autoridades. También hacia ellos me dirigí el 6 de enero del año pasado. Yo soy sordo, pero oiré; otros oyen, pero no quieren entender.