Ante la reciente situación vivida por los estudiantes que causaron disturbios por la orden de no usar pantalones ajustados, creando obstrucción en plena vía pública, con el agravante de revelarse también en contra la Fuerza Pública, me pregunto ¿Qué manejo institucional se le dio a esta situación?
En un artículo publicado por el Profesor en Derecho Penal de la Universidad Pontificia Comillas, Julián C. Ríos Martin de Madrid, detalla lo siguiente:
“A partir de los ochenta, la juventud comienza a ser mitificada. La obsesión por lo juvenil genera en nuestra sociedad una doble preocupación. Por un lado, entre el mundo adulto se propaga la necesidad de exteriorizar una estética juvenil como garantía de cierto reconocimiento social.”
“Frente a esta situación, el sector joven vive una noche oscura. Se ha utilizado su estética y su imagen. A pesar de su mitificación, los jóvenes quedan al margen de determinados espacios sociales y culturales imprescindibles para el crecimiento personal y el necesario desarrollo de su personalidad.”
Analizando este extracto del artículo, queda al descubierto que nuestros jóvenes se encuentran ante una sociedad que les ejerce presión, no es que lo sucedido debe ser justificado, de ninguna manera, pero sí debemos tener claro que es importante que nosotros los adultos seamos los que ayudemos a nuestros jóvenes a superar muchas de las situaciones que los aquejan.
Espacio para el diálogo. Ante la solicitud del MEP, que pide a los docentes dialogar con los alumnos para así evitar la violencia, tomo las palabras de la viceministra académica Dyaláh Calderón, en el artículo publicado en este diario, página 5A del sábado 5 de junio reciente: “No escuchamos a los alumnos, no hay habilitados espacios para encontrarnos con ellos y tenemos invisibilizados sus intereses”.
Debemos comprender, tanto padres de familia como docentes, que debemos escuchar a nuestros niños, niñas y jóvenes, la importancia de conocer cuáles son sus intereses, gustos, opiniones, para comprender sus necesidades. Para los adultos, tal vez algunas de las situaciones que ellos presentan no son de importancia, pero para ellos es “un mundo”, “no hay más allá” como decimos en nuestro lenguaje popular.
En días pasados viví una situación con una alumna de segundo grado, la cual me escribió una carta a pesar de su corta edad y sus dificultades para expresarse en forma escrita. Me explicaba que se encontraba viviendo una situación que la tenía agobiada, esas dificultades que para un adulto significan poco, pero para una niña de 8 años es de una dimensión abrumadora.
Tomé la carta, la leí con detenimiento y al día siguiente le respondí en la misma forma, pero a la vez conversé con ella sobre la situación que me expuso; con mi respuesta, simple para mí, logré aclararle su situación de “dimensiones gigantes”, hice que se sintiera feliz, agradecida, a partir de este momento tuvo una actitud positiva y receptiva.
Por eso creo en las palabras de la viceministra, se deben crear espacios para que dialoguemos con los alumnos y alumnas en las instituciones de enseñanza públicas y privadas, también en nuestros hogares y en la sociedad en general.
Así lograremos conocerlos mejor, ayudarles a solucionar sus problemas y motivarlos a ser participes de su propio crecimiento y desarrollo.