Lo que escribió Julio Rodríguez, en su columna En Vela, el viernes pasado, sobre el fútbol es una descripción riquísima. Historia, arte, virtudes deportivas, aspectos técnicos...
Eso debiera ser publicado en una página hermosamente diseñada para que lo lean y tengan a mano los padres, los maestros, los niños. Así valorarán no solo la simple jugadilla de fútbol – que es divertida y tiene todos los méritos de ese deporte – pero por así decir “empíricamente”. Y hace falta, precisamente puesto que somos seres dotados de razón y con necesidad de ser mejores, aprovechar este comentario para que razonen sobre lo que están haciendo y sean conscientes de todo lo noble, bueno y útil que se espera obtengan del ejercicio de ese deporte.
No hay que perder la espontaneidad lúdica, por supuesto, pero se gana mucho con mejor conocimiento de su finalidad y, por lo tanto, de su disfrute. Padres y maestros podrían valorar mejor la cuestión.
No es solamente quitarse de encima un rato a los niños para que vayan a jugar o regañarlos porque no dejan de hacerlo, sino que allí hay una pequeña mina educativa que, si no se aprovecha, es por pura ignorancia.