Un conductor agobiado por la espera en una presa, presa del hastío y al borde de un ataque de insolación, le dijo con resinación a su compañera: sabés, se me durmió una nalga. Y ella le contestó: sí, ya la oí roncar'
A otro se le durmieron las dos. ¡Pobrecito! Mientras contemplaba con horror el deslizamiento de peñas grandes y peñas pequeñas de un escarpado farallón policromado, atrapado en una fila inamovible e inconmovible, le confesó, compungido, a la compañera inseparable de sus periplos: en entre peña y peña, periquito suena... Las grúas y vagonetas tardaron tres horas en remover las peñas y desbloquear la carretera. Entretanto, abrió discretamente la ventana.
Ambas escenas ocurrieron el día de la (prematura) inauguración de una autopista muy soleada y rentable, influyente, además, en altas esferas. Ahí comenzaron las vicisitudes de los desamparados conductores, desde atrasos por cierres imprevistos, daños a vehículos y lesiones a terceros, hasta la muerte de una joven motociclista. ¿Y el MOPT? Muy bien, muchas gracias. ¿Y la empresa contralora? Igual. Si Canal 6 no denuncia su indolencia, hubiera dado la callada por respuesta.
Es irritante pensar en todo lo acontecido en esa angosta autopista bajo el sol. Uno no se explica cómo logró sus beneficios contractuales ni las prórrogas del período de explotación. Tampoco, la discriminatoria estructuración de tarifas (ciertos conductores pagan más que otros sin justa razón), la lasitud oficial al momento de entregar la obra, y otras cosas deplorables que han ido derrapando como peñas cuesta abajo en la rodada. ¿Y la Contraloría? ¿Y la Defensoría? Ambas muy bien, muchas gracias. Todo eso deja un mal sabor de boca (y estomacal).
El MOPT ha sido grande con el pequeño y pequeño con el grande. El expediente apilado en el tiempo arroja un feo saldo de lasitud para los contratistas y extrema dureza con los conductores. Hay mucho dinero para grandes obras pero escasea para reparar platinas y caminos vecinales; trasladan la culpan a terceros por el negligente descuido de los puentes, pero no hay sanciones para los concesionarios aeroportuarios; no nos dejan transitar un día por semana aún en horas libres de congestionamiento, y se multiplican las denuncias contra oficiales por supuesta corrupción; nos imponen un sistema draconiano de multas (digno de un país desarrollado) y nos tijeretean, además, las licencias de conducir con un puntaje de entrada cruel y riguroso; nos exigen licencia B2 (de camiones pesados) para conducir un pinche 4 X 4, y' pululan las quejas en este soñoliento país en el que estamos adormecidos. Hasta dan ganas de llorar (y de roncar).