Para cierto segmento de la opinión pública Fidel Castro es tan malo que a cualquiera le vale más ser visto en una misa satánica que en el acto de leer un artículo del barbudo. Sin embargo, nadie puede negar que el líder cubano es muy inteligente y sagaz ni que, al disponer de mucho tiempo ahora que está retirado, los artículos que publica son de su autoría y no el producto del trabajo de algún “negro” literario. Y como las posiciones básicas de Fidel son bien conocidas, una vez sabido el tema ya se sabe también qué esperar de cada uno de sus artículos; pero, justamente porque no es tonto, con frecuencia resulta interesante y, no pocas veces, divertido. En entregas recientes discurrió lúcidamente, por ejemplo, sobre la catástrofe ecológica que significa el vertido de petróleo en el Golfo de México y, más tarde, sobre lo que a su juicio es una catástrofe de otra índole: el previsible ataque de EE UU e Israel contra Irán. (No lo dice Fidel, pero curiosamente el libreto que estamos viendo en el caso de Irán parece calcado del que en setiembre de 1998 –mucho antes de la voladura de las Torres Gemelas- las compañías petroleras le vendieron al Congreso de EE UU para que apoyara una invasión a Afganistán. El texto de aquella comparecencia de las petroleras ante el Congreso es accesible por medio de google).
Es posible que muchos de sus lectores se hayan reído del anciano líder cubano cuando en un reciente artículo “la sacó del estadio”, como se dice en la jerga beisbolera, al expresar de pasada su preocupación por el hecho de que millones de seres humanos están directa y permanentemente expuestos a las ondas electromagnéticas de los teléfonos celulares sin que existan estudios sobre los posibles efectos de dichas ondas sobre la salud.
Admito que en esto Fidel me pareció salido de órbita, pero debo confesar que esa impresión tiende a moderarse: la prensa europea informa ahora de que en el International Journal of Impotence Research apareció el reporte de un grupo de investigadores del Colegio de Médicos Tokushima, en Japón, según el cual las ondas electromagnéticas de los celulares “influyen negativamente en el comportamiento sexual de los conejos”, de modo que “cuando un conejo macho expuesto al celular practicaba el sexo con una hembra tanto la duración como la frecuencia de la actividad disminuía”. Además, según el reporte los conejos expuestos a la radiofrecuencia de un celular en “modo espera” también sufrieron modificaciones del comportamiento sexual.
Dudo que esta información sobresalte a Fidel Castro, pero sí conozco a algunos políticos a los que asustará.