Algunas mariposas mueren al cruzar la carretera, otras vivirán, y en el trazo de su vuelo se advierte la reiteración de los ciclos de la existencia, ningún ser viviente proviene de la casualidad, nadie está de más, no existen sobras para Dios.
Lo que entendemos como universo es tan vasto que no resulta fácil comprender las distancias y multiplicidad de cuerpos celestes que lo conforman. El hecho de que no podamos desentrañar el porqué de las cosas no significa que no haya un sentido y un Creador.
Así como en el Derecho Penal se requiere la vulneración o puesta en peligro de al menos un bien jurídico para evitar el abuso del poder de catalogar conductas prohibidas por parte del Estado, en el plano ético o moral se necesita una opción consciente y libre del comportamiento para poder ser ponderado, por ello no es consistente la discriminación de las personas por las condiciones que no son elegidas, aun cuando no las compartamos y no participemos de ellas.
La teoría del Contrato Social no incluye cláusulas que permitan escoger al individuo dónde nacer, quiénes son sus padres y familiares, su estatura, color de piel, ni muchas de sus posteriores características, algunas de ellas al relacionarse con determinado entorno en sus primeros años pueden causar muchos resultados posibles en términos de carácter y otras variables.
El derecho a ser no proviene de los demás, sino que es connatural a la vida misma, lo opuesto es la nada.
La vida en comunidad es una necesidad regulada por normas, pero esa convivencia en una democracia no puede implicar el desconocimiento de una verdad ontológica: el vivir conforme a la naturaleza dada, forzar a las personas a no ser, equivale a matar simbólicamente, a soslayar aquello que no queremos ver.
Hay una Constitución, un solo Dios de amor y múltiples opiniones. Amar es algo que sucede al menos una vez en la vida, odiar es una elección.