Recientemente la dolarización está siendo un tema que cobra relevancia en la palestra pública costarricense y es comprensible si se considera la dimensión política y económica que representa una medida de este tipo, es pertinente en este sentido echar un vistazo a la experiencia reciente desarrollada en la economía salvadoreña, cuyos efectos permiten sopesar las bondades e impactos negativos evidenciados en años posteriores tomando en cuenta que se desarrolló en el año 2001.
Las razones por las cuales se busca la dolarización se resumen en tres: control de la inflación, estables y accesibles tasas de interés bancarias y estabilidad cambiaria. De estos tres aspectos se derivan un sin número de argumentos beneficios que buscan justificar la dolarización.
Otros factores. Estos beneficios no son tan automáticos como demuestra la experiencia salvadoreña depende de las circunstancias estructurales en que se desenvuelve la economía costarricense; de manera que este debate no está cargado lamentablemente solo de beneficios, hay otro aspectos que es necesario incorporar al debate.
Existen factores como la pérdida de la política monetaria soberana de Costa Rica, desaparece la función del Banco Central como prestamista de última instancia y por tanto desaparece también el encaje legal, si se establece inadecuadamente el tipo de cambio inicial el país puede sufrir un proceso costoso y se pierde margen de maniobra para funcionar en la economía globalizada. En El Salvador no hubo un proceso de consulta ciudadana ni mucho debate al respecto y aunque se manejó inicialmente como un bimonetarismo, es decir, que circularía el colón salvadoreño junto con el dólar, se le prohibió al Central emitir moneda y se recogieron los colones en circulación.
Los efectos fueron sensibles en la economía familiar primero por el redondeo, los comerciantes redondeaban el cambio a su favor. Recientemente hubo algunas encuestas que medían la opinión en relación a la dolarización y la mayor parte de la población expresó opiniones adversas a la dolarización, existe un dicho popular que se maneja en la ciudadanía: “En El Salvador se gana en colones y se gasta en dólares”.
La inflación que fue el argumento central no ha sido precisamente un argumento sostenible si se considera que entre 1997 – 2002 los precios crecieron el 28% (antes de la dolarización); mientras que entre 2003 y 2008 estos crecieron un 67% que son años posteriores a la dolarización. Es un fenómeno complejo que no solo depende de la estabilidad cambiaria; así mismo, la economía salvadoreña ha sido la más impactada de Centro América frente a la crisis financiera reciente, siendo la vulnerabilidad ante las perturbaciones externas otro de los efectos negativos de la dolarización.
Este es el argumento más sólido para sustentar mi oposición a la dolarización partiendo de la experiencia salvadoreña; porque se perdería el papel de la política monetaria para enfrentar la economía internacional que en tiempos de crisis es necesaria , como lo es hoy por la economía salvadoreña.
No se trata de si Costa Rica tiene precisamente las condiciones para dolarizar, porque las tiene, se trata de que Costa Rica posee una moneda fuerte y un manejo eficaz de la política económica como para renunciar a tan importantes herramientas.