Asesinato de la justicia en Rusia

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Vaclav Havel, El Hassan Bin Talal, André Glucksmann, Frederik Willem de Klerk, Hans Küng, Yohei Saskawa, Desmond Tutu, Richard von Weizsacker, Grigory Yavlinsky. 12:00 a.m. 06/06/2010

PRAGA – La muerte de Eduard Chuvashov, un juez asesinado a sangre fría el 12 de abril en Moscú, es uno más en una larga y creciente lista de asesinatos perpetrados contra aquellos que en Rusia tratan de buscar la justicia para las víctimas de delitos –una tarea esencial para el desarrollo futuro de la sociedad rusa–.

En el sistema judicial ruso, Chuvashov era uno de los pocos jueces que tenía el valor de dictar sentencias contra funcionarios locales influyentes así como contra oficiales de alto rango del Ministerio del Interior. En efecto, osó enviar a prisión a varios de ellos. Recientemente, Chuvashov desafió amenazas personales en su contra y envió a prisión a miembros de un grupo neonazi particularmente ofensivo.

Hasta ahora, la prensa occidental a menudo ha descrito la administración del presidente ruso Dmitry Medvedev como una era de liberalización, un periodo en el que el Gobierno ruso está empezando a relajar su control autoritario sobre la sociedad. Algunos incluso sugieren que, con Medvedev, una nueva era de perestroika está a punto de comenzar.

No obstante, el patrón de asesinatos cometidos contra los “revoltosos” rusos, que comenzó hace varios años con los homicidios del experto en derechos humanos Nikolai Girenko y la periodista Anna Politkovskaya no se ha abordado eficazmente. De hecho, en el 2009, el segundo año de la administración de Medvedev, tuvo lugar una serie devastadora de asesinatos de ese tipo.

Stanislav Markelov, Natalya Estemirova, Maksharip Aushev e Ivan Khutorsko todos estaban vivos a principios del 2009, resueltos a mejorar el historial de Rusia en materia de derechos humanos y mostrar la verdad sobre los abusos. Markelov, abogado, normalmente abordaba los casos de derechos humanos que nadie más estaba dispuesto a llevar. A menudo, estos eran casos relacionados con la guerra y la violencia en curso en Chechenia o el creciente terror neonazi en las calles de Moscú, San Petersburgo y otras ciudades rusas.

Estemirova, principal activista del grupo Conmemorativo en Chechenia, que está decidido a informar a los rusos sobre la verdad de su historia moderna, investigó secuestros y asesinatos extrajudiciales. En efecto, Estemirova era una fuente esencial de información sobre la situación en Chechenia.

Aushev, uno de los principales activistas y periodistas de oposición de Ingusetia manejaba un influyente sitio web con noticias locales después de que a Magomed Yevloev lo mataron a tiros mientras estaba bajo custodia policial en el 2008. Y Khutoskoi, un destacado activista antifacista de Moscú, organizaría la seguridad en los conciertos antifacistas así como en las conferencias de prensa de Markelov.

Asesinos pusieron punto final al trabajo de todos ellos.

Pedimos con vehemencia al gobierno ruso que corte esta cadena de tragedia humana de una vez por todas. Al permitir el asesinato de gente cuyo únicos propósito es preservar la dignidad humana, Rusia está perdiendo su esperanza de un futuro mejor. Como mínimo, las autoridades rusas están fallando en la tarea esencial de cualquier Gobierno: proteger las vidas y la seguridad física de todos sus ciudadanos. Para empeorar las cosas, ninguno d estos asesinatos ha sido debidamente investigado y ninguno de los perpetradores ha sido enjuiciado.

Tal impunidad crea una atmósfera en la que prácticamente se invita a los ataques continuados. El que se diga que las fuerzas de seguridad rusas han estado involucradas en algunos de los casos demuestra lo profundo del problema. Es necesario investigar estas acusaciones si se desea que no suenen huecas las afirmaciones del presidente Medvedev de que quiere una sociedad basada en el imperio de la ley. Cuanto más prueben las autoridades la decisión de proteger a todos los ciudadanos, tanto más promoverá esto la cooperación internacional constructiva con Rusia.

Pedimos al presidente de la Federación Rusa y solicitamos con vehemencia al Gobierno ruso que proteja a la gente que está en peligro y que asegure prontas y efectivas investigaciones de los asesinatos de activistas de los derechos humanos, periodistas y juristas de mentalidad independiente. Los líderes políticos tienen que hablar fuerte y claro contra estos terribles crímenes. Tienen que subrayar el gran peligro que representa para la salud tanto de la sociedad como del estado rusos que a la gente que actúa en interés público la silencien mediante el asesinato. Y la comunidad internacional tiene que encontrar formas de proveer de apoyo, protección y abrigo a los defensores de los derechos humanos de Rusia que están en peligro.

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