EDITORIAL

Referendo sobre uniones homosexuales

La democracia es mucho más que un ejercicio electoral y comprende, también, la protección delas minorías

Los derechos humanos no son materia de referendo, como tampoco debe serlo la suerte deuna minoría

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12:00 a.m. 06/06/2010

El referendo sobre las uniones civiles de parejas del mismo sexo convoca a la mayoría heterosexual a decidir sobre los derechos de la minoría homosexual. El resultado es previsible y el método, en apariencia, inobjetablemente democrático. La mayoría impondrá su punto de vista, y sus prejuicios, en las urnas. Pero la democracia es mucho más que un ejercicio electoral. Comprende, también, el respeto a la disensión y la protección de las minorías. La tiranía de las mayorías, no importa cuán numerosas, está reñida con el Estado democrático.

Viene a cuento el ejemplo de Venezuela y otros países donde la legitimación del gobernante en las urnas desemboca en atropellos a los derechos humanos. Hugo Chávez fue elegido y reelegido con mayorías inobjetables, salvo por las denuncias de manipulación previa a los comicios. A partir del claro mandato de las urnas, el gobernante actúa con una arbitrariedad hasta ahora refrendada por la opinión pública mayoritaria. Irrespeta derechos humanos fundamentales, como la libertad de expresión, y pasa por alto la observancia de principios básicos del modelo republicano, como la independencia de poderes, en particular de la función judicial.

Chávez ha gozado del apoyo de la mayoría y lo emplea para desarticular los mecanismos instituidos para defender derechos de los grupos minoritarios y disidentes. En eso desemboca el crudo entendimiento de la democracia como simple conteo de sufragios.

“¿Desde cuando la voluntad del pueblo es discriminatoria?”, preguntaba un lector de La Nación favorable al referendo. Desde siempre, responderían las minorías raciales y religiosas, víctimas de prejuicios adoptados por la mayoría en determinados momentos y circunstancias.

Las uniones civiles de parejas del mismo sexo no son el matrimonio como lo entendemos hasta ahora y ninguna denominación religiosa está obligada a aceptarlas para efectos de su práctica interna. Son un reconocimiento de las consecuencias prácticas, legales y económicas, de la convivencia. El propósito de sus impulsores es poner fin a la discriminación contra las parejas del mismo sexo en materias como los gananciales, herencias y beneficios de seguros, entre otros.

Esa discriminación ya ha sido juzgada como contraria a los derechos humanos en altas instancias internacionales, como el Tribunal Europeo, que condenó a Polonia por negar al miembro superviviente de una pareja homosexual el derecho a heredar las condiciones de un contrato de alquiler, como lo manda la ley para el caso de las parejas heterosexuales. Polonia, dijo el Tribunal por unanimidad, violó la Convención Europea de Derechos Humanos no solo por irrespeto al principio de igualdad, sino también por su intromisión en la vida privada y familiar.

Con parecidos argumentos, la jueza Judith N. Macaluso, del distrito federal de Washington, confirmó la decisión de la autoridad electoral local contra la celebración de un referendo sobre las uniones homosexuales. La ley electoral aplicable prohíbe la celebración de referendos sobre materias contempladas en la ley de protección a los derechos humanos, que prohíbe discriminar contra los homosexuales y otras minorías.

En la misma línea, la Defensoría de los Habitantes de nuestro país se manifestó contra el referendo, calificándolo de “un acto discriminatorio en sí mismo” y denunciando el peligro para “el pleno goce de los derechos fundamentales de un sector de la población”. La posición de la Defensoría es valiente y acertada. Los derechos humanos no son materia de referendo, como tampoco debe serlo la suerte de una minoría.

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comentarios

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Fernando Briceño Baltodano 11:00 11/6/2010

Es imposible entender con los mismos prejuicios. Sea el formato que s emaneje de sociedades de convivencia, matrimonio o uniones civiles, el hechop es que pretende reconocer derechos d euna parte de la población. el problema es que algunos creen que al existir el derecho todos estámos abligados a ejercerlo, entiéndase que esto no lleva a que nadie cambioe su forma de ver la familia ni el tipo de familia que tiene. Hay muchas personas asustadas porque no saben como al finald e cuentas van a reaccionar frente a una relñación publica y jurídicamente establecida de dos personas del mismo sexo y ante eso se defienden. Sin embargo, eso es más sobre sus propios prejuicios que sobre la realidad misma d ela cuestión. Aplaudo la valentía d ela Nación en exponer el debate de ideas en este tema, sin prejuicios y con claridad.

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Leonardo Melendez Gatgens 08:40 8/6/2010

Creo que cada quien debe luchar por lo que cree correcto. Sin embargo yo digo no a la union homosexual.

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Esteban Morales Ulate 00:27 8/6/2010

Don Walter, espero que ud sea el primero y detras de ud todos los catolicos y el clero entero en ir a pedir un referendum para que se cierren los moteles de este país, pues la fornicación y el adulterio SÍ atentan contra los valores cristianos, morales y familiares de la sociedad costarricense.

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Alfredo Chavarrria Jimenez 11:13 7/6/2010

Doña Geannina, En primer lugar no es Matrimonio, son "sociedades de convivencia". Luego, lo unico que exigen son derechos civiles basicos, como herencia, prestamo en pareja, visitar a la pareja en hospital como familiar directo y en caso de separación poder dividir los bienes. El proyecto NO incluye adopción y NO incluye cremonia en NINGUNA iglesia o religión. Gracias por consultar y NO juzgar.

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Marco Molina A 10:23 7/6/2010

El editorial de La Nación ya se veía venir. En las últimas dos semanas hemos visto desfilar en la sección Opinión una serie de artículos a favor del proyecto de “sociedades de convivencia” y contra el referendo, que no tiene que ver con el proyecto de las sociedades de convivencia sino contra el proyecto original. El problema de los derechos humanos de las minorías no es tan sencillo como parece. Por un lado está la dificultad, cuya solución se da por supuesta, de definir cuál es la naturaleza de los derechos humanos, dónde se fundamentan, cuáles son y quién o quiénes los determinan. Para responder hay quienes incluso aducen hasta el sentido común con el problema de que, unos, por sentido común se oponen al proyecto y al referendo y otros, por el mismo motivo, están a favor de los mismos. Y hay otro problema y es el de los límites de los derechos humanos, es decir, hasta dónde llegan si es que deben tener un límite. La página webislam (www.webislam.com/?idt=795) recoge la noticia de que el señor Mansur Escudero, presidente de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas, manifestó su apoyo al proyecto del Gobierno sobre el matrimonio homosexual, pero le pidió que se regulase también la «opción matrimonial» de la poligamia. Dado que los derechos humanos si son tales deben ser universales la pregunta que surge es: En el caso hipotético de que los musulmanes que viven en España y lo deseen, solicitaran la legalización de la poligamia y no se les conceda, ¿se estarían violando los derechos humanos de una minoría? ¿O ellos y ellas no tendrían derecho a practicar su vida sexual y conyugal de la forma que quieran y ser felices a su manera? ¿O hay derecho de una colectividad a imponer un esquema cultural occidental a minorías que, culturalmente, puedan pensar distinto? Y ¿qué decir de las pretensiones del legal partido pedófilo holandés del cual mejor ni hablar? La idea de fondo del proyecto que va a referendo y que luego fue cambiado por sociedades de convivencia, y el accionar de los colectivos homosexuales en otros países no deja lugar a dudas de que sus esfuerzos se dirigen a equiparar a largo plazo la unión homosexual con el matrimonio heterosexual tal como está establecido legalmente en el país, porque este es el fondo del reclamo bajo la bandera de reivindicación de derechos humanos de dicha minoría a nivel internacional. El reconocimiento legal de las sociedades de convivencia es sólo un paso hacia ese fin. Es un cambio en la estructura y fines del matrimonio similar al que implicaría que en España legalizaran la poligamia. ¿No tendrá derecho la colectividad costarricense a manifestar su acuerdo o desacuerdo con tal pretensión recubierta de derecho humano, concepto acerca del cual la sociedad occidental está llegando a no saber exactamente qué es?

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