La vida es buena con nosotros. Eslovaquia derrotó a nuestra selección en Bratislava, pero Limón conquistó su pase a la primera división en el Colleya Fonseca. El déficit fiscal nos hace arrugar el ceño, pero los diputados están dispuestos a no dejarse avasallar por las tabacaleras.
Y, miel sobre hojuelas, aparece en Costa Rica, para contentera de todos, Steven Seagal para colaborar con nosotros en el combate de la inseguridad ciudadana, algo así como si este modesto columnista se presentara, de pronto, en Sudáfrica para asesorar a la selección de España. Y ¿quién es él, Seagal? Yo lo había visto fugazmente en la tele con su carota inexpresiva y, ahora, al observarlo codeándose con la flor y nata del poder, gracias a los buenos oficios del exdiputado Fernando Sánchez, acudí en busca de Wikipedia y quedé de una pieza. Y no les repito lo que leí pues ustedes, amigos lectores, pueden hacerlo mejor que yo. En síntesis: esta es la persona menos indicada en el planeta para asesorarnos. Otro Sabundra, pero en seguridad. Venturosamente, ni el ministro Tijerino ni nuestra Presidenta cayeron en la trampa. Loado sea el cielo. Otros, en cambio, hicieron gala de su candor.
Dos sentencias para meditar: “De lo sublime a lo ridículo solo hay un paso”, atribuida a Napoleón, tras la retirada de Moscú, aunque, claro, en el caso de Seagal solo ha habido ridículo. La otra, de Jesús: “Sed mansos como palomas y astutos como serpientes”, o, mejor, mansos, pero no “mensos”, y siempre astutos. Si repasamos nuestra historia, verificaremos que el marco de nuestro espacio vital es inmenso, pues nos han metido y nos meten todos los goles posibles por no pensar o, mejor, por no ponernos a pensar. No basta pensar. Hay que ponerse a pensar solitaria y solidariamente.
Nuestros presidentes y ministros no son bienes turísticos u objetos de museo. Sean benevolentes y acogedores, pero no dejen que los usen. El cargo exige decoro. No seamos polos. No nos dejemos embaucar por cualquier papanatas o cualquier vivillo o vivazo, que los hay por legiones. Ni Mari Pepasmotorizadas ni Tejas ni Sabundras ni Vescos ni créditos italianos ni personajes oscuros ni expertos blufs ni ampulosos inversionitas ni' La lista es larga. Y, mucho menos, la falacia de que “yo no conocía sus antecedentes ni su vida privada”, cuando esta dimensión es precisamente, en cargos estratégicos, lo más importante de una persona.
Entre los diosecillos e ídolos actuales está la plaga de cierta gente del espectáculo que – dice el ministro Tijerino– se cree sus propias películas y piensa que puede hablar de todo lo divino y lo profano. “Si no soy parte del espectáculo, no soy”.