Roberto Carlos es romance y tradición pura; sus canciones no se borran con el tiempo y anoche, en una noche mágica, sus fanáticos hicieron un eco intenso de ello en el Palacio de los Deportes, en Heredia.
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Con un retraso de, al menos, 40 minutos, Roberto Carlos y su cálida mirada comenzaron a encender un Palacio de los Deportes completamente abarrotado. Con un traje entero blanco y una sonrisa emocionada, el brasileño subió al escenario y fue recibido por un público completamente eufórico.
Emociones fue la primera canción que le regaló a su público, que, de inmediato, respondió a su invitación: la noche fue a ser para cantar junto a él, para decirle adiós a su carrera con una serenata en conjunto.
Que será de ti fue la segunda pieza de su repertorio seguida por Cama y mesa. Ambas fueron coreadas a todo pulmón, por ticos y decenas de compatriotas que lo acompañaban en la gradería.
Con la canción Detalles, una de sus baladas más reconocidas de su carrera, Roberto Carlos tomó la guitarra, se sentó en un banquillo y comenzó a enamorar. Detalle curioso, como dice el tema, es que el brasileño cantó la canción en una mezcla de español y portugués. “Seguro no se la sabe completa en español”, dijeron algunos espectadores.
Desahogo fue el tema que le siguió a Detalles, pero fue Lady Laura la que conmovió.
Antes de cantarla, Roberto Carlos recordó a su madre, quien falleció hace poco y quien inspiró la sentida canción.
Mujer pequeña, Propuesta y El día que me quieras, fueron otras de las canciones que dejaron huella en las gargantas del gentío.
Entre canción y canción, Roberto Carlos tomaba la palabra por varios minutos. Con voz suave y tranquila, el cantautor expresaba emociones y el público lo escuchaba con gran atención.
El brasileño transmitió tranquilidad y quietud en el escenario. Desde la tarima, Roberto Carlos conquistó con su voz y letras.
En varios momentos, el escenario apagó sus luces y los instrumentos se callaron. No era que se iba la luz, sino que la banda del brasileño se acomodaba en escena.
Ese silencio era aprovechado por las fanáticas para gritar mil y un piropos a su ídolo: unos se podrían decir aquí, otros no, ya se imaginarán el porqué.
“Esta canción nunca la he cantado en portugués porque en realidad nunca he comprendido esta letra (ríe). Es que nunca he visto un gato azul en mi vida”, bromeó el brasileño para introducir la canción El gato de la oscuridad, una de las más aplaudidas de su repertorio.
Aprovechando el griterío tras el tema, Roberto Carlos se puso de pie y, con su mirada y gestos, galanteó con su público más fiel.
Los problemas en el sonido fueron uno de los puntos bajos de la noche: hubo sectores del gimnasio que, al principio, no escuchaban. “No se oye”, gritaba la gente desde la gradería, sobre todo cuando el cantautor tomaba el micrófono para hablar.
Sin embargo, el sonido mejoró con el transcurrir de los temas y la velada siguió con el beneplácito de los afectados.
Con tonos de melancolía y recuerdos, Roberto Carlos cantó piezas como Solamente una vez, mientras conversaba con un público costarricense que posiblemente nunca lo volverá a ver.
Al cierre de edición, a Roberto Carlos le faltaban por interpretar unas siete piezas del repertorio programado para anoche.