Al entrar en la galería de La Aduana, una fila de lienzos de gran formato de 150 metros de largo recibe a los visitantes con un espectáculo de colores, líneas, puntos y planos.
Es la exposición individual más grande del país, del artista costarricense Fabio Herrera. Se inaugura hoy con el apoyo del Museo de Arte Costarricense.
Esta muestra, que lleva el nombre del pintor, comprende 100 obras realizadas en los últimos 20 años, escogidas mediante varias etapas de curaduría y que reflejan algunas de las etapas más importantes de su vida como artista.
Herrera presenta obras de arte abstracto, tanto en óleo como acrílico sobre lienzo. Su característica principal es el gran formato; por ejemplo, algunas tienen hasta cuatro metros de alto.
De acuerdo con Herrera, esta muestra es un “alto en el camino” de su carrera artística.
Regresión. La actual exposición de Herrera se inició siendo ‘ambiciosamente retrospectiva’, dado que era difícil ubicar en un mismo espacio obras de los últimos 40 años –la trayectoria del artista–. Así, se decidió darle un carácter antológico; se investigó sobre distintos períodos de producción artística y se determinó empezar la muestra con obras hechas a partir de 1991. Estos grandes períodos revelan tendencias del artista en su quehacer.
El recorrido empieza con Floresta; esta y los lienzos hechos en los tres años siguientes se caracterizan por el predominio de la representación de puertas, muros, paredes, en donde se visibiliza la pobreza de los tugurios.
Otro punto de referencia del artista fue un viaje que realizó en 1993 a Nueva York, donde vivió hasta 1995. La única obra expuesta de este período es Triángulo, en la que el artista refleja el enfrentamiento al mundo internacional del arte.
“El Triángulo es una síntesis de mi pintura, en la que elementos de tensión juegan un papel predominante en la tela, como las líneas y los puntos”, explicó Herrera.
A partir de ese viaje, el artista se concentró en obras de gran formato, dado que mostraban “la intensidad expresiva” de su trabajo. En su técnica empleó superficies “matéricas”; es decir, con elementos como arena, piedras y metales molidos para dar textura a la pintura.
Herrera recordó una conversación que sostuvo con su madre en 1997, que inspiró la serie Quilts de Nueva York. En ella, el artista reflexiona sobre el papel anónimo de las mujeres en el arte a través de los siglos, representado en tejidos y alfombras. Por ello, abre espacios para “pinturas dentro de la misma pintura”, con el recurso de cuadros al estilo tablero.
A este punto se llega a la mitad de la exposición, que coincide con el cambio de siglo, donde también cambia la tendencia del artista. Los colores se acentúan más, y nuevamente los puntos y las líneas recobran importancia.
A partir del 2001, Herrera inicia la serie Espacios y sensaciones, caracterizada por espacios vacíos y saturados.
Al pasar por la época del 2003-2004, el autor se inspira en la naturaleza y representa varias formas orgánicas, como hojas, bejucos y savia. La muestra culmina con el tema desarrollado desde el 2005, en la que las líneas desarrolladas los últimos 15 años se vuelven lluvia, ventanas y cascadas.
Esta muestra de arte abstracto, a la cual Herrera demostró tener “gran fe”, se mantendrá abierta al público hasta el 7 de julio.