Odioso integrismo

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Laurencia Sáenz Filósofa laurenciasaenz@gmail.com 12:00 a.m. 31/05/2010

Desde las catacumbas del obscurantismo, la mano rancia de los integristas no ceja en su afán de sofocar la lucha por los derechos humanos. El aliento retrógrada lo exhala ahora el “Observatorio ciudadano por la vida y la familia”, cuyo intento por deslegitimar la discusión y aprobación del proyecto de ley para las uniones civiles entre personas del mismo sexo, está pronto a fructificar.

Durante meses, el devoto grupo, opuesto a la legalización de las uniones gais, se ha dedicado a una intensa campaña con miras a reunir 136.750 firmas para convocar a un referendo sobre dichas uniones. Faltan solo 31.000 firmas para el “referendo del odio”, como lo han bautizado ya otros grupos ciudadanos laicos, que militan por la igualdad de derechos.

En un país donde la población homosexual ha sido siempre discriminada, donde las bromas homofóbicas son el pan de cada día, donde la ignorancia y el obscurantismo se arraigan tan profundo que la homosexualidad se concibe aun como una patología o como una vergonzosa anormalidad, el resultado de semejante referendo es previsible, y la estrategia del consabido grupo no puede ser más que perversa: pretende utilizar la democracia participativa para disfrazar de legitimidad un discurso y una práctica que discriminan a un sector de la población, al impedirle gozar de los mismos derechos que el resto de la ciudadanía.

Para colmo, la Iglesia Católica ha autorizado la recolección de firmas por grupos laicos a la salida de los oficios religiosos, mientras las prédicas de los prelados en contra de dichas uniones, y a favor del matrimonio y la familia “tradicionales”, resuenan, oportunamente, en la cabeza de los feligreses'

Integrismo. Asistimos, pues, al peligroso arrebato del integrismo religioso. Y es el integrismo, más que el tradicionalismo, la principal amenaza. La distinción la hace la periodista y ensayista Caroline Fourest , en su último libro Libres de le dire [Libres de decirlo] en diálogo con la escritora bengalí Taslima Nasreen, quien vive en el exilio, amenazada de muerte por los integristas islamistas. El tradicionalismo, señala Fourest, es una visión particularmente estricta de la religión, pero no conduce necesariamente al integrismo, el cual radica en “[instrumentalizar] la religión con fines políticos liberticidas”. Existe una diferencia entre los creyentes que “se esfuerzan por hacer de la fe un acto íntimo”, y aquellos, integristas, que utilizan la fe como “un instrumento para oprimir a los demás”.

Al haber participado en la marcha convocada por el “Observatorio ciudadano por la vida y la familia”, durante la última campaña presidencial, la presidenta Laura Chinchilla se ubicó, desgraciadamente, del lado de integrismo religioso, que pretende imponer límites a los derechos humanos universales, en nombre de un credo religioso particular. La funesta trascendencia del apoyo político al integrismo no es baladí, máxime cuando la Presidenta no es un ejemplo de discreción en lo que atañe a su fe religiosa personal.

¿Qué hacer frente a este preocupante panorama? Primero, un llamado a la conciencia: un referendo en el que una mayoría se exprese sobre los derechos de una minoría, cuyo previsible desenlace contribuiría a estigmatizar aún más a la población gay, no es digno de nuestra democracia.

La democracia participativa no debe ser instrumentalizada para promover prácticas racistas, xenofóbicas, ni homofóbicas.

Por otro lado, los procesos para la obtención de estos derechos en otras latitudes son aleccionadores. Acerca de la legislación francesa, la misma Caroline Fourest (La dernière utopie [La última utopía]) nos da un ejemplo de pragmatismo: desde 1997, por medio del contrato llamado “PACS”, gais y lesbianas pueden legalizar sus uniones y disfrutar de los mismos derechos que tienen las parejas heterosexuales bajo matrimonio; sin embargo, el PACS no es un derecho exclusivo de la población homosexual, sino un contrato al que cualquiera tiene acceso, independientemente de su orientación sexual. Fue el carácter universalista del proyecto lo que permitió realizar un progreso con mayor eficacia que si se hubiera legislado solo para un sector de la población.

Mientras se aclaran los nublados obscurantistas de los integristas de los últimos días, es un ejemplo de sentido práctico digno de tener en cuenta.

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Maria Zamora Sauma 20:48 19/10/2010

Me preocupa mucho la frase de doña Laurencia al decir que Doña Laura "no es un ejemplo de discreción en lo que atañe a su fe religiosa personal". Y ahora por qué una presidenta debe ser discreta con su fe religiosa? Es acaso que la autora de este artículo va en la misma línea que en Francia donde se creen muy progresistas y no permiten demostrar la religión personal? Prefieron un Costa Rica honesta donde quien cree en algo lo puede manifestar y no en ciertas culturas que promueven aquel pensamiento del famoso escritor "ay de aquel que no piense como el libre-pensador"... Doña Leonora, Doña Laurencia: no le veo nada de valiente a su comentario. Más bien lo noto bastante anti todo y "ay de aquella que no piense como usted".

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santiago montenegro coronado 15:32 1/6/2010

Los integristas tomán estas decisiones sólo con el afán de oprimir a los demás y no les importa que sus mismas familias se ven afectadas. Cuántas mujeres están casadas con homosexuales pero no lo saben, victimas de una doble vida? Cuántos jóvenes de tendencias homosexuales ven como una escape a la presión social el sacerdocio? Al final al vivir en la mentira llegan a afectar a inocentes.

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Eleonora Badilla Saxe 03:14 1/6/2010

Felicitaciones Laurencia. Muy valiente de tu parte.

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Alvaro Vargas Vega 21:28 31/5/2010

Desafortunadamente medidas sencillas como permitir a una persona el ingreso a un hospital, o establecer algunos derechos basicos para heredar bienes, se utilizan para justificar una secularizacion total del estado. Con esto se fortalece la renuncia del Estado a tomar parte en los valores que ensena a su poblacion en forma mayoritaria. Las personas que deciden vivir en union con alguien del mismo sexo tienen toda la libertad de hacerlo, sin que sea necesario promoverlo o ensenarlo en las escuelas como muestra de progresivismo. Costa Rica ha decidido y sigue siendo mayoritariamente una nacion cristiana. Quienes no lo son tienen todo el derecho y el respeto de no serlo. No tiene ningun sentido que se obligue al Estado a renunciar a los valores que la mayoria observa como los suyos.

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Roberto Henríquez Gutiérrez 20:12 31/5/2010

Por algunos comentarios escritos aquí y la naturaleza de este artículo pareciera que los homosexuales y las lesbianas tienen miedo a que se realice el referéndum (que por cierto ya lo bautizaron “del odio”). Si esto es así entonces me pregunto, ¿acaso no tienen sustento lógico sus argumentos como para convencer al resto de la sociedad de las bondades de su proyecto de ley? ¿O es que piensan que los costarricenses son incapaces de discernir entre lo que es o no conveniente para sus ciudadanos? En todo caso, aunque las mayorías se equivoquen así funciona la democracia. De hecho, yo personalmente no voté por la actual presidenta. Sin embargo, respeto las voluntades de la mayoría esté o no de acuerdo con ellas, ¿o es que el mundo tiene que funcionar según mis gustos y preferencias? No hay que olvidar que belleza, fealdad, justicia e injusticia son valores subjetivos que siempre están en la retina del espectador.

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