Dice el proverbio que nunca es tarde cuando la dicha es buena. Así sucedióel 6 de mayo para el nutrido público que asistióal recital de piano del destacado músico costarricense Walter Morales Salazar, en el foyer del Teatro Nacional. Dicho concierto se ofrecía en el marco del IX Seminario de Composición Musical, evento anual organizado conjuntamente por las escuelas de música de la Universidad de Costa Rica y la Universidad Nacional.
El programa del recital estuvo constituido exclusivamente por obras para piano escritas por compositores de nuestro suelo, y afirmo que nunca es tarde porque, dentro del repertorio elegido para la ocasión, el maestro Morales ejecutó el estreno nacional de la Sonata para piano del compositor costarricense Félix Mata (1931-1980). Esta magnífica obra fue compuesta en 1965, y no es hasta casi medio siglo después cuando el público costarricense tiene el privilegio de escucharla en concierto.
El recital se completó con el estreno mundial del primer cuaderno de Tlaneuatl de Alejandro Cardona, así como con la ejecución de las composiciones Retrato de Eddie Mora, Fuegos Fatuos y la suite Wheaton Hills del consagrado compositor nacional Julio Fonseca, a quien estuvo dedicado el seminario.
Félix Mata Bonilla heredó la vena musical de su padre, el compositor y violoncellista costarricense Julio Mata Oreamuno. Durante su vida, Félix Mata combinó su profesión de odontólogo con la de compositor, graduándose en ambas especialidades en la Universidad de Costa Rica. En 1970 se graduó como Licenciado en Piano en esa casa de enseñanza. Su obra, a pesar de no ser sumamente prolífica, es sobresaliente, y no en vano su Suite para cuerdas lo hizo merecedor del II Premio de los Juegos Florales de 1964.
La obra de don Félix es conocida en el medio musical costarricense, particularmente por sus espléndidas canciones de concierto tales como Vuelo supremo, Silencio y La despedida, que en su mayoría están inspiradas en la obra poética de Julián Marchena. Su sonata para piano, una obra en tres movimientos, escrita en un lenguaje aún tonal con fuerte influencia de los compositores románticos (en especial Rachmaninov), pero que a la vez incorpora elementos armónicos del jazz. Su ejecución demanda un alto nivel técnico y musical.
Aunque su lenguaje musical no fue innovador para la época en que fue escrito, me atrevería a afirmar que, hasta la fecha, la sonata de Félix Mata es la obra para piano solo más sólida y de mayor envergadura escrita por un costarricense, por sus características expresivas, la claridad en su estructura y su sentido musical y pianístico.
Afortunadamente, ya había tenido yo la oportunidad de escuchar la ejecución de Morales de esta composición por medio de grabaciones de presentaciones previas que ha realizado en los Estados Unidos, y que están disponibles en medios de Internet, tales como la revista La Retreta y you tube. Externo mi más calurosa felicitación y profundo agradecimiento a Walter por sus esfuerzos entusiastas en rescatar, editar y ejecutar en concierto el legado musical para piano de compositores nacionales como Julio Fonseca, Alejandro Monestel y Félix Mata, un esfuerzo que podríamos emular sus colegas pianistas y que quizás nos permita encontrarnos con sorpresas como la sonata de don Félix.