Ayer, 18 días después de que el nuevo Gobierno iniciara labores, quedaron al descubierto fallas en la coordinación y comunicación entre el Poder Ejecutivo y su bancada.
El aumento salarial a los diputados y su abrupto desenlace evidenciaron que existe desconexión o, en su defecto, que la comunicación camina sobre terrenos movedizos.
El hecho de que la presidenta de la República, Laura Chinchilla, aplicara ayer el freno de emergencia al proyecto, lleva la intención de apaciguar los caldeados ánimos desatados por el aumento salarial en todos los ámbitos.
Sin embargo, enciende a su vez una mecha de tensión entre la oposición y el oficialismo. El cambio de criterio de Chinchilla deja en entredicho la credibilidad de sus interlocutores con la Asamblea Legislativa.
¿Por qué? El polémico plan tuvo su primer impulso público precisamente en Zapote el lunes 10 de mayo. Fue tema importante en el primer día hábil de labores de la nueva administración.
Marco Vargas, ministro de la Presidencia, (enlace natural del Ejecutivo con el Congreso) aplaudió el plan ese día y apoyó las gestiones de sus diputados para subirse el sueldo de ¢2,5 millones a ¢4,3 millones. Junto a él estaba sentada la presidenta Chinchilla.
El aval dejó patente el respaldo de Casa Presidencial a la negociación que la jefa de la fracción oficialista, Viviana Martín, ya efectuaba con la oposición
La negociación de Martín implicó siempre el respaldo de la Presidenta y así se lo recordaron ayer sus colegas opositores.
Hubo trámite de vía rápida en el plenario y su aprobación se convirtió en un tema nacional.
La voces contrarias vinieron de muchos sectores. Pocas fueron de respaldo. Las preguntas de si ¿era el momento? y ¿de dónde tomar el dinero? no tuvieron respuestas claras, ni siquiera para la mandataria. Ella pidió a los diputados claridad en el financiamiento del plan.
La presión pública subió de tono y llegó a las calles. El aumento incluso dispararía las pensiones de exmandatarios y, eventualmente, hasta Chinchilla resultaría favorecida. El agua llegó al cuello del Gobierno.
Y ahí Chinchilla aplicó el freno de emergencia, para apaciguar ánimos, críticas y presión.
Pero, de rebote, minó la credibilidad de su vocera.
Así lo resumió anoche Wálter Céspedes, del PUSC: “¿Cómo uno ahora confiaría en una negociación con Viviana cuando Casa Presidencial dice otra cosa?