No son todavía las seis de la mañana y en nuestra callecita sin salida entra un policía, como todos ahora, ya no con chonete, sino uniformado. En cambio, bastante destartalada, su moto hace un ruido escandaloso. Extraña combinación. Por fin se calla ese monstruo y él empieza su tanteo de ubicación.
Lo veo, ya no con carguita è leña, sino colmado de citaciones judiciales. A usanza colonial, se pone a tocar ruidosamente una reja. Cuadro costumbrista: como buena cartaga, la vecina queda adentro fisgoneando, detrás de la cortina. Señala el policía: vea, ¿usted no conoce a ninguna Silvia por aquí? Es que vea, aquí dice “del AM/PM 100 al norte y 100 al este”. ¿Verdad que no hay ninguna calle desde ese negocio? Yo creo que lo hacen al propio, ¿no es cierto?
Nada de real maravilloso; todo real más o menos. Existen Intel, el GPS, el correo electrónico, pero seguimos encapsulados en esquemas decimonónicos: calles sin nombre, casas sin número, puertas sin timbre ni buzón'. Aquileo redivivo; solo falta la firmita. Curioso: tenemos yahoo, pero se mantiene la mentalidad de upé, ¿alguien por aquí? Nada raro: finalizando ya la primera década del siglo XXI, la misma ceremonia del traspaso de poderes reforzó una identidad nostálgica de carretas.