Hace algunos meses, al consultar el catálogo en línea del Sistema de Bibliotecas, Documentación e Información (SIBDI) de la Universidad de Costa Rica (UCR), me encontré con una situación que llamó mi atención. Resulta que de un libro que necesitaba revisar, el Diccionario de americanismos de Augusto Malaret, se consignaban las ediciones de 1931 y de 1946; pero los dos únicos ejemplares existentes, en la Biblioteca Carlos Monge Alfaro, aparecían como perdidos.
Hace poco, tenía que consultar una edición de Costa Rica: su historia, de Carlos Monge Alfaro, que aparece en el SIBDI como publicada en 1940. El único ejemplar existente figura como “perdido”.
De esta infortunada categoría forman parte, además, un ejemplar de la edición de 1933 de la Cartilla histórica, de Ricardo Fernández Guardia, y de la primera edición (1935) de Cosas y gentes de antaño, del mismo autor.
Por el lado de la literatura la situación no es mejor: perdidos están igualmente los dos únicos ejemplares que aparecen registrados en el SIBDI de la primera edición (1952) de Marcos Ramírez, de Carlos Luis Fallas.
Saqueo. Si bien la información que consigno podría no representar más que datos aislados, cabe considerar también la posibilidad de que las bibliotecas universitarias estén siendo objeto de un saqueo silencioso y selectivo, por personas conocedoras del valor que algunas de estas obras pueden tener para coleccionistas privados (nacionales y extranjeros).
Por tanto, sería importante que la Vicerrectoría de Investigación de la UCR llevara a cabo un estudio para determinar cuántos libros se pierden al año en las bibliotecas de la institución e informara al respecto a la comunidad universitaria y nacional.
También sería conveniente que, en ese estudio se estableciera a quiénes les compete la responsabilidad por los libros que se pierden, y se propusieran políticas claras para proteger las obras más valiosas de las bibliotecas universitarias, algunas de las cuales permanecen en los estantes de la Colección General, al alcance de cualquiera.