El enemigo está dentro. El colaborador de la Página 15, Diego Víquez, publicó en esta sección, el domingo pasado, un artículo intitulado “Yo, católico”. Se trata de un testimonio personal, basado en la conversación entre Benedicto XVI y los periodistas en su vuelo a Portugal para visitar el santuario de la Virgen de Fátima. Viene a punto recordarlo por cuanto la declaración papal, si bien se enmarca en el orden de la fe, tiene numerosos destinatarios.
Su actualidad –y perennidad– radica en la reacción de Benedicto XVI a las denuncias sobre los graves escándalos de sacerdotes y obispos. El Papa tomó el toro por los cachos y, en vez de refugiarse en la teoría de la conspiración, en la mala fe o en la respuesta airada, hizo lo que todos debemos hacer en cualquier situación: la autocrítica. Si el error representa, por la autocrítica, una poderosa palanca de superación y de avance científico, también enriquece a todo ser humano, por la autocrítica, en los demás órdenes de la vida. Lección objetiva para políticos y gobernantes' ¡De cuántas calamidades nos habríamos liberado con la observancia de esta palabra: autocrítica, maravilloso negocio personal tan despreciado por la soberbia y la vanidad del poder.
Pues bien, interrogado el Papa sobre el tercer mensaje de Fátima, en referencia con la situación actual, respondió: “La novedad que podemos descubrir hoy en este mensaje reside en el hecho de que los ataques al Papa y a la Iglesia no solo vienen de fuera, sino que los sufrimientos de la Iglesia proceden precisamente de dentro de la Iglesia, del pecado que hay en la Iglesia. También esto se ha sabido siempre, pero hoy lo vemos de modo realmente tremendo: que la mayor persecución de la Iglesia no procede de los enemigos externos, sino que nace del pecado en la Iglesia y que la Iglesia, por tanto, tiene una profunda necesidad de volver a aprender la penitencia, de aceptar la purificación, de aprender, de una parte, el perdón, pero también la necesidad de la justicia. El perdón no sustituye la justicia. En una palabra, debemos volver a aprender estas cosas esenciales: la conversión, la oración, la penitencia y las virtudes teologales. De este modo, respondemos, somos realistas al esperar que el mal ataca siempre, ataca desde el interior y el exterior, pero también que las fuerzas del bien están presentes y que, al final, el Señor es más fuerte que el mal, y la Virgen para nosotros es la garantía visible y materna de la bondad de Dios, que es siempre la última palabra de la historia”.
En síntesis, valioso principio de gestión: los primeros y peores enemigos, por acción o por omisión, por acto o por indiferencia, por miedo o por pedantería, por negligencia o prepotencia, por oscurantismo ideológico, corrupción o cinismo, están dentro. Nada más.