Los vendedores callejeros se repartieron San José por cuadras y bulevares, según se trate de colombianos, haitianos, nicaragüenses o costarricenses.
Al menos 1.800 trabajadores informales invadieron los pocos espacios exclusivos para peatones que tiene la capital. Allí instalan sus enormes alfombras de plástico negro para ofrecer collares, tiritas de brassier, medias, bufandas, gorras y ropa para niños.
Los más frecuentes son los vendedores de discos y películas plagiados (piratas), que utilizan sistemas de DVD portátiles para probarle al cliente que la película “está buena”.
A la más mínima alerta de un “campana” (vigilante), todos arrollan su alfombra negra y corren para esconderse de la Policía josefina.
Los haitianos se ubican en el bulevar de la avenida 4, desde la Curia Metropolitana hasta la plaza de las Garantías Sociales. Allí venden papas tostadas y paraguas, según el estado del tiempo.
En el mismo bulevar, pero desde la calle 0 hasta el Hospital San Juan de Dios, están los colombianos, dedicados en su mayoría a los discos compactos piratas.
El otro grupo grande es el de los nicaragüenses, que se instalan en el bulevar de la avenida central y sus intersecciones con las calles 6 y 8, y el bulevar de la calle 2, que pasa frente al edificio de Correos.
A estos últimos es más frecuente verlos caminando –no se quedan en un solo lugar– y prefieren la venta de ropa, accesorios para mujeres, tarjetas telefónicas o pañitos de cocina, entre otros.
Esta segmentación de la capital fue detectada tras varias investigaciones de la Policía Municipal y la Fuerza Pública, según confirmó Marcelo Solano, director del cuerpo policial del ayuntamiento.
Los costarricenses se “pelean” los mismos espacios con los extranjeros, pero no tienen puntos específicos en la capital, agregó Solano.
La cifra de 1.800 vendedores se obtuvo tras enlistar a todas las personas a las que se les decomisó mercancía en la vía pública.
Inferioridad numérica. La Municipalidad de San José aceptó que el problema de las ventas ambulantes sobrepasó la capacidad de reacción de su cuerpo policial.
Tal es el grado de descaro con el que operan que, incluso, rayaron los adoquines del bulevar de la avenida central con pintura blanca en aerosol. Cada cuadrícula corresponde al puesto de un vendedor. Ningún policía se percató de este daño a la propiedad municipal.
Según Solano, la relación es de un policía por cada seis vendedores callejeros. “Cuando hay pocos policías, no podemos hacer decomisos, por inferioridad numérica”, dijo.
El otro problema es que los policías no les decomisan mercadería por tratarse de productos ilegales, pues la piratería es un delito privado. Cuando los detienen ,se les abren procesos por obstrucción de la vía pública.
Para hacer allanamientos y decomisos por piratería se necesita que las casas disqueras o las distribuidoras de películas denuncien, con nombre y apellidos, a quienes venden material plagiado. Colaboró Alejandro Sandino.