Costa Rica se vuelca cada día más a producir servicios como las comunicaciones, los servicios financieros, de hoteles, de salud y de educación, entre otros.
En 1999, el 60% de la producción del país eran servicios, en el 2009 llegó al 68%.
Esta tendencia impacta la vida de los hogares, pues cada día más personas dependen de los trabajos que brinda el sector, y también los hogares gastan más en él.
La situación, que es un proceso que viven los países que se desarrollan, también impone retos estadísticos, de educación y tributarios para el país.
Tendencia positiva. En el libro que el Grupo del Banco Mundial mantiene publicado en Internet, titulado Más allá del crecimiento, se señala que al principio el sector más importante de una economía en desarrollo es el agropecuario, pero, a medida que el ingreso de las personas aumenta, este sector va perdiendo terreno: primero, frente a la industria y, luego, frente a los servicios.
La razón, señala el libro, es que, conforme las personas tienen más ingresos, las necesidades se vuelven menos “materiales” y la gente comienza a demandar más servicios de salud, educación, entretenimiento y otros.
En Costa Rica, los rubros de “transporte, almacenamiento y comunicaciones”, “otros servicios prestados a empresas” y los “servicios financieros y de seguros” son los que han ganado más terreno en la década.
El primer rubro es el que más ha crecido, pues pasó de representar un 10% de la producción interna en 1999 a un 17% en el 2009, incremento explicado en buena parte por el desarrollo de Internet y la telefonía celular.
Retos. Esta tendencia impone retos al país en educación, medición y tributarios.
El giro hacia los servicios ha implicado que cada día más empresas necesiten trabajadores educados en esas áreas, y se requiera que el sistema educativo se adapte a ello y siga aumentando la inversión en educación, comentó Alberto Trejos, economista y expresidente de la Coalición de Iniciativas para el Desarrollo (Cinde), cuya tarea es atraer inversión.
Los servicios también tienen la característica de que son más difíciles de medir, lo cual implica una mayor inversión para mejorar los sistemas estadísticos.
No obstante, para invertir, el Estado requiere recursos y su estructura tributaria está basada en los bienes y no en los servicios.