En su última entrevista en este periódico, el expresidente Óscar Arias dice haber soñado con que este país tuviera “piloto automático” como Chile.
Me gusta el concepto. Se trata –interpreto– de garantizar la estabilidad y permanencia de los estados satisfactorios de desarrollo, de institucionalidad, de madurez que se van logrando.
El piloto automático en una nave es un artefacto que la hace mantener el rumbo. En sus orígenes estaba basado en el giroscopio que es un volante en rotación que hace imposible que la nave se salga del rumbo.
En un país, se trata de legislación que haga imposible abandonar ciertos principios de convivencia. Por ejemplo, habría que modificar la Constitución para eliminar las garantías sociales, lo cual es una cierta garantía de que la nave no se podría conducir en otra dirección.
Pienso que más estabilidad que la misma legislación brindan las convicciones profundas ampliamente compartidas.
En Costa Rica, creemos que no habría ninguna posibilidad de adoptar la monarquía como sistema de gobierno. Pero otros pasos hacia adelante que se han dado son totalmente reversibles.
El descalabro institucional de Venezuela, por ejemplo, fue posible por falta de un piloto automático legal y de convicciones.
El concepto de este piloto se encuentra en múltiples situaciones. Cuando el éxito de un club estaba en campeonizar y no en vender jugadores en el mercado mundial, el espectáculo era más lleno de vida. Los hurtos disminuirían si las compraventas estuvieran sometidas a un escrutinio especial. acedenog@gmail.com