Asistentes madrugaron para conseguir asiento

Imperó la incomodidad, perotodavía más el patriotismo

Condiciones de La Sabana impidieron ver y escuchar bien actos y discursos

Supermán, los obreros chinos y los chistes se robaron parte del show

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Yuri Lorena Jiménez yjimenez@nacion.com 12:00 a.m. 09/05/2010

Los aplausos, los vivas y los ojos vidriosos por la emoción sacudieron la modorra que por ratos se adueñaba de los cientos de asistentes al traspaso.

Imagenes/Fotos

El ingreso del hoy expresidente Óscar Arias Sánchez fue el primero de varios momentos clímax por los cuales valió la pena calarse todas las incomodidades del recinto sabanero.

Porque, hay que decirlo, el calor, la falta de asientos, la pésima visibilidad, el difuso audio, las inmundas baterías sanitarias y otras pulgas no fueron capaces de agriar los ánimos y apagar el encendido patriotismo que se desbordaba por momentos.

Si con la aparición de Arias –quien fue espléndido en sonrisas y apretones de mano– a la gente se le enchinó la piel, el arribo de Laura Chinchilla hizo que aflorara, en más de uno, la emotividad hasta las lágrimas.

Pero antes de estos y otros “platos fuertes” del acto, las horas se antojaron lentas y, por supuesto, el tedio dio lugar a uno que otro chiste y, en especial, a hacer nuevas amistades. Al mejor estilo de Tiquicia, no bien muchos se habían arrellanado en sus asientos cuando ya estaban metiéndole conversona al vecino y, horas después, los unos se sabían la vida y milagros de los otros.

Pero no solo amistades y vacilón cosecharon quienes llegaron más temprano, pues hubo quien hizo su agosto de la forma más impensable: una señora con talante de ama de casa bonachona, empezó a recoger los coloridos paraguas colocados por la organización en los asientos vacío. ¡Y luego se dedicó a venderlos!

Lo más sorprendente es que hubo más de un parroquiano que pagó ¢500 por semejante ganga, y después de que un policía advirtió el hecho y se “paseó” en el negocio de la doñita. Más de uno comentó que la improvisada vendedora hasta tuvo tiempo de armar combos y vendía tres paraguas por el precio de dos.

Otra de las grandes entretenciones de la “gradería de sol” fue guardar el momento histórico en una fotografía, y ¿qué mejor que un recuerdo al lado del mismísimo Supermán?

Y es que, ante la mirada perpleja y divertida –en especial de los muchos extranjeros que asistieron al evento– Gerardo Vargas, de 62 años, llegó ataviado con el disfraz completo del superhéroe, como lo ha hecho por años en carreras de atletismo y otras actividades, pero nunca antes en un traspaso.

Vargas, conserje pensionado y vecino de Cartago, apenas pudo contestar las preguntas de este y otros medios, pues la gente se arremolinó para fotografiarse con él.

Pero quienes se convirtieron en verdaderos protagonistas, especialmente hacia el cierre del traspaso, fueron decenas de obreros chinos quienes, con su uniforme anaranjado, dejaron por un rato su faena en el estadio y se acercaron tímidamente. ¡Para qué lo hicieron

La gente, ya en la agonía de los discursos, se desentendió de príncipes y presidentes y se dedicó a fotografiarse con los chinitos, quienes no entendían ni una palabra pero accedieron gustosos y sonrientes: sin proponérselo, se convirtieron en las “estrellas” del corolario del traspaso de poderes de un país que, por alguna razón, los considera una especie de souvenir.

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Relevodemando

Pena ajena y las foráneas

Entre los muchos lunares que tuvo la elección de La Sabana para realizar el traspaso, quizá el peor fue el bochorno por el estado de las baterías sanitarias. No hubo alguien encargado (como ocurre en eventos masivos) de “administrar” las filas, el higiénico y el mínimo mantenimiento. Fue especialmente penoso ver las caras de muchos extranjeros ante aquel desastre.

Aún así, los foráneos mezclados entre los ticos no cesaron de alabar la paz y la cercanía de los mandatarios con el público.

El príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, fue el más ovacionado. El presidente de Colombia, Álvaro Uribe, también cosechó nutridas palmas. En el otro extremo, estuvo el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, quien recibió tremendo abucheo.

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