El presidente Óscar Arias Sánchez cumple hoy su sueño manifiesto de entregar a una mujer, Laura Chinchilla, el poder en una Costa Rica abierta en lo comercial, con menos monopolios y una política exterior diversificada.
Este panorama internacional y económico se mezcla con los problemas internos, sociales y políticos que Chinchilla prometió abordar durante la campaña electoral que la llevó al triunfo y la convirtió en la 15.ª gobernante desde 1949, cuando se estrenó la actual Constitución Política.
La politóloga, de 51 años, asume el Gobierno de una economía con siete tratados de libre comercio (TLC) vigentes, más dos acuerdos pendientes de ratificación (con China y Singapur) y uno adicional, con la Unión Europea (UE), en días claves para cerrar negociación o darla por acabada.
Arias no se cansa de repetir que ahora el país podrá llevar sus productos a más de 2.000 millones de personas sin tener que pagar impuestos, lo que podría dar velocidad a la recuperación económica tras la crisis internacional.
Parte de la continuidad que Chinchilla ha anunciado implica, además, desarrollar el millonario mercado de las telecomunicaciones y de los seguros, los dos sectores en los que la Administración Arias Sánchez consiguió romper el monopolio estatal.
Esta imagen de una Costa Rica abierta es la que Arias intentó proyectar para atraer inversiones, de la mano de una política exterior renovada, pues puso el foco en Asia, como una opción adicional a la tradicional preponderancia de Estados Unidos.
Aunque Chinchilla auguró prioridad a los nexos con los países centroamericanos, en especial por su efecto sobre la seguridad ciudadana interna, en la “lista de amigos” resaltarán China y los países árabes, las dos prioridades manifiestas de la Administración Arias.
Este es el marco del país cuyas riendas cederá Arias, hoy al mediodía, en el parque La Sabana, a la vicepresidenta que hace cuatro años lo acompañó en el arranque de su segundo gobierno.
“El camino está hecho y Laura habrá de continuarlo”, dijo Arias en su última semana como mandatario, en la cual ha intentado obviar los apuros políticos y el costo que tuvo el proceso de apertura.
Una fuerte polarización en torno al TLC con Estados Unidos dejó heridas que Arias ve superadas, pero que la propia Chinchilla considera abiertas, lo cual tiene relación con la desconfianza que ella percibe en el ambiente político.
“Superamos temas, pero las heridas están frescas”, manifestó Chinchilla con preocupación, sabiendo que hay varios temas urgentes para los primeros días y que todo buen gobierno debe comenzar con pasos acertados.
Bienvenida con brasas. Arias hereda a Chinchilla la ejecución de la concesión de los puertos del Caribe, un proceso difícil por la fuerte oposición de algunos grupos sindicales, sociales y políticos.
También deberá intervenir para intentar resolver en el nivel político lo que los técnicos no han podido consensuar en las conversaciones para un Acuerdo de Asociación entre Centroamérica y la UE.
Las presiones de los transportistas porteadores por un nuevo marco legal y las protestas de grupos ambientalistas también son parte de las “fogatas” que dan la bienvenida al poder a Chinchilla.
Los grupos ambientalistas se activaron después de conocerse un fallo constitucional que da vía libre a un proyecto para extracción de oro en Crucitas, San Carlos –zona norte–, cuyos permisos materializó el Gobierno de Arias.
Chinchilla aseguró que una de sus primeras decisiones será anular la posibilidad de nuevas concesiones mineras.
Primeros pasos. La nueva presidenta, décima mujer gobernante en la historia de América Latina, también tiene listas otras decisiones de arranque.
Entre ellas está un decreto para que autoridades de seguridad intervengan en las comunidades de más delincuencia, como señal de su compromiso para disminuir la inseguridad ciudadana, uno de sus grandes temas de campaña.
Chinchilla también tiene a punto de firma un decreto para beneficiar a las empresas que ofrezcan guarderías infantiles a su personal, como parte del proyecto de “redes de cuido” que también pregonó la Presidenta en su campaña, como una forma de facilitar a las mujeres las posibilidades de trabajar.
Las “redes de cuido” son parte de la política social, cuya ejecución dependerá en buena parte de la disposición de recursos y de la recuperación de un déficit fiscal que el Banco Central calificó esta semana como “preocupante”.
La recuperación de las arcas del Estado, de donde Arias sacó todo el dinero que pudo para invertir en planes sociales y así acallar a sus críticos, dependerá de una reforma fiscal que el propio mandatario consideró como “urgente”, en su último discurso ante el Congreso.
Para esta tarea contaría con el apoyo del Partido Acción Ciudadana (PAC), pero para otras, como el impulso a la Ley General de Electricidad, deberá echar mano de un pacto firmado en sede legislativa con el Movimiento Libertario y de la actitud negociadora que los opositores le atribuyen.
Otro de sus retos será sobrellevar la presión de la Iglesia Católica en temas polémicos, como otro estatus para parejas de homosexuales, plan que para la nueva presidenta no es una prioridad.