La columna de hoy salió deshilvanada. A veces el maní no da para más. Es que los últimos días asistí a un “esperpentario” (nueva palabra que acuñé, mezcla de las expresiones “esperpento” y “anecdotario”: 1. m. Dícese de una colección de esperpentos anecdóticos). Tres hechos en la última semana lo inauguraron y mi cabeza ha intentado, sin éxito, encontrarles sentido.
El primer objeto del esperpentario fue la protesta social de un arrejuntado de sectores el pasado jueves, que culminó con policías baleados y camiones incendiados en Limón. Disfrazaron de protesta actos meramente delictivos. En una democracia los movimientos sociales son demasiado importantes como para estar rehenes de dirigencias irresponsables. Lo dije hace 15 días y lo repito: un paso en falso. Además, están criminalizando la protesta. Hay maneras distintas de hacer las cosas.
El segundo objeto del esperpentario fue el titular del diario La Nación sobre la marcha del 1 de mayo que desde hace un siglo se celebra en el país. Titularon: “Chavistas ticos desfilan con mensaje revolucionario”. En una marcha llega de todo, hasta un grupito de chavistas con boina roja; empero, ellos no dominaron, ni de lejos, el evento. Con la lógica aplicada en ese titular la próxima vez que 500 empresarios se reúnan habría que escribir “Foro de evasores de impuestos” pues más de alguno tendrá sus cuentitas mal hechas. El lenguaje hay que cuidarlo: tiene consecuencias reales. Cuidado y se empiece a etiquetar de “chavista” a todo aquel que proteste.
Finalmente, el tercer objeto del esperpentario es la inauguracionsitisaguditis del Gobierno. Uno ya sabe que poco antes de salir los Gobiernos caen en trance: agarran cuanto puente o escuelita hay para cortar cintas y dar discursos estilo: “los felicito por el presidentazo que tienen”. Pesado pero inevitable. Sin embargo, este dio un paso más allá: ya no inaugura cosas 100% terminadas sino al 75% (Estadio Nacional) y, últimamente, hace inauguraciones al 0% (estrenó una amenaza de anteproyecto de Casa Presidencial). Genial: ¡inaugurar cosas que no existen ni en el papel! ¿Cómo no se le ocurrió a Maquiavelo?
Además de que “el fin justifica los medios”, hubiese escrito: “más importante que hacer es hacer creer”. En fin, el emperador anda desnudo y la corte aplaude. Un Gobierno como este, quizá el más coherente en las últimas dos décadas, no merecía un final de opereta. ¿Para qué se expone el Presidente al ridículo?
PD: Invito a los lectores a ayudarme a engordar el esperpentario.