Ciudad Quesada. Como el súbdito que se convierte en príncipe, San Carlos, que inició este certamen disputando el descenso, emergió de los confines del infierno y se acercó a la gloria.
Ayer venció a Liga Deportiva Alajuelense, que ofreció una digna y tenaz resistencia, y se erigió con gran mérito en el primer finalista del torneo de Verano.
Al este 2 a 1 se suma el 1 a 1 del primer enfrentamiento, lo que arroja un saldo favorable para los Toros del Norte, tanto en la cancha como en el marcador global.
Ayer, en cuestión de nueve minutos, del 32 al 41, entre el afán y el talento, veintidós almas sudorosas rubricaron en sendos arcos los trepidantes 90 minutos de una faena enorme, con un justo triunfador y un enconado adversario.
¡Qué gran partido! Si la victoria de los rojos del norte es de sobra merecida, el quehacer intenso de la Liga en algunos tramos del choque, no hace más que acrecentar la dimensión del súbdito que se convirtió en príncipe. De las confines del drama, a las cercanías de una ilusión inédita.
A la certeza de Donny Grant, un felino con los guantes imantados, se sumó el buen trabajo de Géiner Segura y de Álvaro Sánchez, los carburantes de la ambición de Cunningham, el vértigo sancarleño de saeta y ébano.
Pero no se crea que Alajuelense se entregó a su suerte. Si bien, en su esquema hubo figuras que no estuvieron a la altura de las circunstancias (Gabas, por ejemplo), no es posible ignorar el trabajo prolijo de Luis Miguel Valle.
Luis Miguel es un peón de brega, una auténtica bujía, una pieza incansable que sabe cortar, servir la pelota y salir jugando.
Recordemos los goles. Cunningham se levantó como una torre y ensartó el primer dardo, al minuto 32. Mas, al delirio del ¡Sí se puede! en las tribunas, siguió la reacción inmediata de Marco Ureña. Tiro de esquina de Ariel Rodríguez, rebote y empate (32’).
De nuevo, al 41’, un globo de mediocampo aterrizó en el área. Cunningham soportó la presión del capitán erizo, sirvió en corto a Juan Vicente Solís y la bala blanca se incrustó en la distancia imposible de Alfonso Quesada. 2 a 1.
Las imágenes del segundo lapso nos hacen evocar el tú a tú de los contendientes. Cada uno en función de sus intereses, vimos la determinación del que se juega el todo por el todo, ante la reacción intrépida del otro. ¡Por todo o nada!
Con el toque de Diego Estrada (relevo de Clark), el pique de Argenis Fernández (permuta por Rodríguez), el equipo rojinegro avanzó en pos de un ansiado empate que le daba el pase a la final.
¡Ahí creció Donny! Con dos o tres paradas de antología, Grant se impuso con base en calidad y reflejos a los deseos de los manudos por enderezar su destino.
Si el guardameta local fue protagonista, quiere decir entonces que los visitantes también frecuentaron las vecindades del fuego y que intentaron, hasta el final, la posibilidad de empatar las cifras.
Salvo la artimaña de algunos elementos externos de lanzar balones al terreno de juego mientras se disputaban los últimos minutos, lo demás fue un gran espectáculo.
Los Toros del Norte a la final. Cuando Henry Bejarano (qué buen trabajo) lanzó el último pitazo, la pasión de San Carlos fue un grito de identidad en las almas rojas, frente al dolor rojinegro de un contendiente que cayó en buena lid.