El consumo masivo de alimentos sin nutrientes, desórdenes en hábitos infantiles y el sedentarismo son factores que dispararon la obesidad infantil en los últimos años.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el 2005 había 20 millones de menores de 5 años con sobrepeso en el mundo. Hoy hay más de 42 millones. Esto aumenta la probabilidad de que sean adultos obesos.
Los factores ambientales son las causas principales de la obesidad infantil. Según Paola Durán, endocrinóloga de la Fundación Cardio Infantil, “hoy los hábitos de alimentación son poco saludables y los niños son sedentarios. Pasan horas frente al televisor o el computador y son ‘bombardeados’ con propaganda de comida industrializada, alta en calorías y grasa”.
“En los colegios, las horas de actividad física son limitadas por las exigencias académicas; a esto se suma la inseguridad, lo cual evita que los pequeños salgan a hacer deporte o a jugar”, añadió.
En algunos casos, este mal es hereditario. El hijo de un adulto obeso tiene 25% de posibilidad de sufrir este mal. Si ambos padres lo padecen, el niño tiene casi el 50% de riesgo de presentarlo, explica Juan Manuel Sarmiento, coordinador del Centro de Prevención Cardiovascular de la Clínica Shaio.
Señales. Aunque no existe una edad exacta en la que los niños puedan presentar obesidad, hay períodos de riesgo.
En la etapa fetal, señala la nutricionista infantil Clara Rojas, hay condiciones que influyen en el bebé como la prematurez, retardo del crecimiento intrauterino, problemas de peso al nacer o una madre que subiera mucho de peso en el embarazo. De allí la importancia de la lactancia materna exclusiva.
Entre los 5 y 7 años de edad, explica Rojas, se presenta un fenómeno llamado “rebote adiposo”, que es “cuando se acaba la edad preescolar y se comienzan a presentar hábitos inadecuados de alimentación”, afirma.
Graves consecuencias. Un niño obeso puede padecer diabetes, hipertensión, colesterol alto, enfermedades coronarias, cáncer y degeneración de las rodillas.
Además, dice la endocrinóloga, “se producen alteraciones del metabolismo, del colesterol y cardiovasculares, daño en el hígado, apnea obstructiva del sueño, problemas ortopédicos, dolores en articulaciones, reflujo gastroesofágico, constipación, avance de la maduración y depresión”.
Estos males disminuyen la calidad de vida del niño. Por eso es importante prevenir, desde casa, la obesidad infantil.
Una alimentación balanceada y una actividad física de manera constante son vitales para evitar un fuerte aumento de peso y, consecuentemente, la obesidad.