El discurso de despedida del presidente Óscar Arias apuntó varias tareas en la lista de necesidades que, en su criterio, deberá asumir el país en el futuro cercano.
Reformar el marco institucional, disminuir el poder de los partidos minoritarios y replantearse las formas de control son algunas de las labores pendientes, pero también mencionó una que el país “desesperadamente necesita”: la reforma fiscal.
El mandatario dijo que, a pesar de esa urgencia, su Administración debió renunciar a ella “por causa de la crisis internacional” y por “el desmedido poder de veto con que cuentan las minorías en este Congreso”.
Agregó que logró superar la falta de nuevos impuestos mediante una recaudación eficiente. “En ausencia de una reforma fiscal, lograr una disponibilidad de recursos como la que garantizó nuestro Ministerio de Hacienda es algo bastante parecido a un milagro”, dijo sobre la base de que en el 2008 se alcanzó una carga tributaria del 15,4% del Producto Interno Bruto.
Arias descartó cualquier posibilidad de nuevos impuestos a mitad de su gestión, tras dos años se titubear sobre el tema.
“No vamos a luchar en estos 20 meses por una reforma tributaria integral. Don Abel (Pacheco) pasó cuatro años secuestrado luchando por eso, y la verdad es que mejor no perdamos el tiempo”, dijo el 23 de agosto del 2008.
Solo un impuesto envió al Congreso y quedó aprobado: el que grava casas de más de ¢100 millones.
Laura Chinchilla ha dicho que sí se requieren nuevos impuestos, pero también ha advertido que conviene esperar una mayor recuperación de la economía tras la crisis.