“El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo. El hombre que lo descubre lo vuelve a esconder, vende cuanto tiene y compra ese campo”. Mateo 13, 44.
Hace casi 15 años atrás escuché por primera vez los rumores de que empresas extranjeras querían explotar oro en la zona norte, lo supe porque mi profesor de biología en ese entonces los llevó a mi colegio en Santa Clara de San Carlos para hablar sobre el asunto. Para sorpresa mía, la compañía no pretendía pagar por el oro que se querían llevar, querían comprar los terrenos donde estaba enterrado, para luego sacar el oro como si fuera suyo. Y yo para mis adentros pensaba, tal vez inspirado en la sencilla sabiduría del Maestro: “¿habrá alguien tan tonto que, sabiendo que tiene (un tes)oro en su patio, lo regala para que otro lo aproveche?”.
En el estado de Alberta, Canadá, la economía gira principalmente en torno al petróleo. La actividad petrolera es llevada a cabo por compañías canadienses financiadas por inversionistas canadienses. Tanto los inversionistas como los empleados pagan impuestos en Canadá, tanto las ganancias de los inversionistas como las de los empleados se quedan en el país de origen, de manera que ambos tienen algún poder adquisitivo para cubrir sus gastos y al mismo tiempo hacer que su país tenga una economía saludable, y de feria la gasolina les sale barata a los consumidores canadienses porque es nacional.
En Costa Rica, administraciones anteriores y la actual han pujado fuerte por concesionar el oro de Cucitas de Cutris a empresas extranjeras. (También se esfuerzan por concesionar otros tesoros: playas, parques nacionales, etc.). Bajo este sistema, inversionistas y buena parte de sus empleados más calificados son extranjeros y, por lo tanto, la mayor parte de sus ganancias se va su país de origen en forma de impuestos y dinero para sus familias; y solo parte del beneficio de la actividad se queda en el país en forma de salarios para las personas locales que trabajen para la compañía. Finalmente, si por alguna razón resulta que el país luego requiere los recursos concesionados, pues habrá que importarlos nuevamente, teniendo que pagar un precio más elevado por ellos.
Esa sutil diferencia le da a uno una idea de porque Canadá se considera un país del Primer Mundo, y porque Costa Rica pertenece al tercer mundo.
El martes 27 de abril pasado apuntaba don Jorge Guardia en su columna En guardia que el oro se valora aproximadamente en $1.000 la onza.
¿Que no es una mayor razón aún para buscar la manera de que el país lo aproveche TODO para sí?