El creador del retrato de Mauro Fernández que se imprimirá en los nuevos billetes de ¢2.000, Guillermo Cubero, reclamó los derechos sobre la obra y aseguró que nunca se le pidió permiso para la reproducción.
La obra de Cubero se encuentra desde unos 25 años en poder del Museo Nacional e incluso es parte de su inventario.
Sin embargo, según explicó Javier Vargas, abogado de Cubero, los derechos del pintor herediano fueron irrespetados pues nunca dio su autorización para que fuera reproducido como parte del nuevo billete de ¢2.000, presentado esta semana.
Según comentó Vargas, ayer, viernes, llegaron a un acuerdo con el Banco Central de Costa Rica (BCCR), quien mandará a imprimir los billetes.
El trato consiste en que Cubero firmará en conferencia de prensa –probablemente el próximo lunes– la autorización para utilizar su obra en los billetes.
“No hay ningún acuerdo económico de por medio. El señor Cubero no está buscando dinero, lo que está buscando es que se respeten sus derechos”, dijo su abogado.
Al mismo tiempo, Cubero está solicitando al Museo Nacional que se le devuelva el retrato que pintó, petición sobre la cual no había respuesta oficial al cierre de edición.
Origen de la obra. Según recordó Melania Ortiz, exdirectora del Museo Nacional, José Fabio Góngora (q.e.p.d.), un miembro de la junta directiva del Museo Nacional, propuso la compra de un retrato de Mauro Fernández (aproximadamente entre 1989 y 1990).
Fernández es uno de los personajes más importantes para la educación costarricense. Dirigió la reforma educativa de finales del siglo XIX que incluyó la apertura del Liceo de Costa Rica y el Colegio Superior de Señoritas.
Fernández adquirió, en 1876, la casa construida por el naturalista alemán Alexander von Frantzius en 1870. De esa casa, ahora es parte de la planta física del Museo un muro y un arco en la sección noreste.
El cuadro de Mauro Fernández, confirmaron Ortiz y Vargas, fue encargado a Cubero, pero nunca fue comprado por el Museo. Cubero tampoco lo donó.
Mientras Ortiz dijo recordar que Cubero (quien trabajaba ahí en ese momento como museógrafo) le regaló el retrato, el abogado del pintor afirmó que lo que el artista hizo fue simplemente “dejarlo ahí”.
Ortiz mostró el retrato de Mauro Fernández en su oficina durante más de una década. Antes de retirarse, decidió donarlo al Museo y por eso aparece entre sus cuadros.
Tras una solicitud del BCCR, el Museo le presentó los retratos de Fernández con que cuenta y esa institución decidió utilizar en su diseño la obra de Cubero, explicó Rocío Fernández, actual directora del Museo.
Devolución. Según dijo el abogado de Cubero, se pide al Museo Nacional la entrega del retrato.
“En caso contrario, estamos dispuestos a iniciar un juicio contencioso administrativo”, advirtió Vargas.
El problema de fondo, añadió el abogado, sería que Ortiz estaba impedida para donar al Estado una obra que no le pertenecía.
Vargas aclaró, sin embargo, que en caso de una devolución, Cubero está dispuesto a que el retrato se exhiba de forma indefinida en el mismo Museo.
“Sabemos que por esta situación el retrato generará mucho interés y, le insisto, mi cliente no busca dinero ni demandar a nadie, sino que se respeten sus derechos”, declaró.