Margot Ruenes

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Fernando Guier Abogado fernando@guier-abogado.com 12:00 a.m. 29/04/2010

Ante el reciente fallecimiento de esta gran Dama de la cultura francesa, debemos para las nuevas generaciones, evocar su entereza, su valor, sus luchas y su nobleza por preservar en Costa Rica, en un pequeño terruño en Concepción de Tres Ríos, las huellas invaluables de Francia.

La conocí en la Junta Directiva del Liceo Franco Costarricense, hace varias décadas.

Hablo de tiempos de la casa de Los Leones en el Paseo Colón y la sabia dirección del delegado gubernamental, doctor Constantino Láscaris. Yo, humilde en mi amargo cargo por largos once años, de fiscal de varias juntas.

En aquella época, ocurrió el empellón de los comunistas, queriendo apresar el Liceo, con el fin de convertirlo en secuaz de su doctrina totalitaria. Pero Margot, desde su cargo, nos dio ánimo y aliento y luchamos para frenarlos en sus designios.

Ella, con su señorío y su coraje, se levantó sobre los insultos y las ofensas para defender un colegio, donde, en los pasillos, los alumnos comentaban a Voltaire y los enciclopedistas, las Antimemorias de André Malraux, los ensayos de Montaigne y a Romain Rolland.

No la olvidemos porque salvó, incluso con su benevolencia reparando los daños de las turbas, la persistencia de la gran cultura francesa en nuestro país y en un grupo grande de jóvenes costarricenses.

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