En días recién pasados, Marquitos un niño de 10 años de edad, que cursa quinto grado en la Escuela Darío Flores de Puriscal, se dirigía a la escuela y siguiendo las instrucciones de su mamá, camina por la acera, se ubica en la zona de seguridad que está frente al portón principal de entrada; activa el semáforo peatonal, espera que se ponga en rojo y cuando esto ocurre se dispone a cruzar la calle y es arrollado por un conductor que, obviamente, ignora la señal de alto, conduciendo a alta velocidad en una zona escolar.
El niño fue embestido por el vehículo y como él mismo menciona literalmente: “voló como Superman” cayó en la vía pública con golpes en su carita y dos fracturas en un brazo. Marquitos lloraba y pedía que lo pellizcaran para saber si estaba soñando o realmente le pasó un accidente. Ahora la pregunta que él mismo se hace es: Si a mí me enseñaron a cruzar la calle y a respetar las señales de tránsito. ¿Quién va a educar a los adultos?
¿Qué estamos esperando? Más accidentes, más niños heridos, más vidas que se acaban, más pupitres vacíos. En este país ningún niño sobra.
Es hora de que nos eduquemos, que no ignoremos una zona de seguridad, la luz de un semáforo. Cada señal de tránsito que encontramos en la vía pública está ahí para indicarnos algo' no podemos seguir ignorándolas.
¿Que estamos esperando para aprender la lección? ¿Que muera alguno de nuestros seres queridos, para que el problema sea mío y no solo sea un problema de otros? ¿Hasta cuándo vamos a esperar?